Euskadi y Navarra se dan la mano, tras una época de gestos no correspondidos entre ambos gobiernos. El lehendakari, Patxi López, y el presidente navarro, Miguel Sanz, abrieron ayer «un nuevo tiempo» de colaboración entre las dos autonomías desde la «lealtad» y el «respeto» a las «diferencias» de cada una. Ese espíritu de cooperación está recogido en un convenio con cuatro ejes a desarrollar: el fomento del euskera como «idioma que enriquece el patrimonio cultural», la cobertura ordenada de EITB en la comunidad foral, el intercambio de proyectos empresariales para afrontar la crisis y el impulso a infraestructuras que mejoren la vecindad, con especial interés por la alta velocidad ferroviaria.
López y Sanz presentaron el acuerdo con el propósito de «normalizar» una relación institucional que no fraguó por los desencuentros vividos entre los dos ejecutivos durante la gestión de Juan José Ibarretxe en el Gobierno vasco. «Alguien pretendía hacer anormal lo que es normal», dejó caer ayer el político de Corella sobre los tiempos de la discordia. El líder regionalista atribuyó ese trato precario a «la falta de respeto» por Navarra, una comunidad «diferenciada dentro de la nación española que no quiere formar parte de lo que los nacionalistas llaman Euskal Herria».
Hacía 13 años que un lehendakari y un presidente de la comunidad foral no celebraban una reunión al máximo nivel -la última cita oficial data de la etapa de Ardanza (PNV) y Otano (PSN), en 1996-. En aquel entonces, los dos parlamentos aprobaron la creación del Órgano Común Permanente. Fue a instancias de EA, socio del entonces tripartito navarro que lideraron brevemente los socialistas con el apoyo también de CDN. Sanz descartó ayer recuperarlo porque «no es necesario para mantener una colaboración estable» con el País Vasco. López evitó posicionarse y dijo que ese tema no formaba parte del orden del día de la entrevista.
El Salón del Trono
El encuentro que ha servido para rescatar la senda del acuerdo se celebró por la mañana en el Palacio de Navarra de Pamplona, después de que López y Sanz se dieran un apretón de manos en el Salón del Trono, decorado con óleos, armaduras y tapices. Uno de ellos está dedicado al escudo del Príncipe de Viana, título que ostenta el heredero del Reino de Navarra.
Hubo sintonía entre ellos, pero, por buscar matices, los mandatarios del PSE y UPN situaron a distinta profundidad las raíces comunes de las dos comunidades. López, que inició su discurso en euskera, fue un pelín más adentro al destacar el vínculo «especial» de ambas y «las muchas cosas que comparten». Por eso ha elegido Navarra para su primer viaje oficial a una comunidad autónoma. «Queremos dejar de darnos la espalda», advirtió el lehendakari, sin ánimo de «ajustar cuentas con el pasado». Para el político de Portugalete, vascos y navarros representan «dos personalidades muy pronunciadas».
Sanz resaltó el renovado impulso al «vascuence» como ejemplo de buena vecindad y su disposición a «profundizar en los intereses comunes», pero se cuidó muy mucho de remarcar que hay mugas. «Representamos a dos gobiernos diferentes, dentro del Estado de las autonomías». El presidente navarro recordó que, incluso en las etapas más frías con el PNV, se mantuvo una cierta relación institucional «en beneficio de los ciudadanos». Por ejemplo, «cuando había que resolver un problema», caso de la conclusión de la carretera de Endarlatza, en el límite con Guipúzcoa. Pero que puentes, los justos.
Ahora se quieren mejorar las conexiones, empezado por el tren. En el convenio de cooperación, los dos gobiernos se comprometen a buscar antes del final del verano el punto de enlace de la 'Y' vasca con el corredor navarro, de mutuo acuerdo con el Ministerio de Fomento. De este modo, se quiere mejorar la comunicación ferroviaria con Cataluña y con Europa. Estas líneas también podrían servir para acelerar el transporte de mercancías entre Navarra y los puertos vascos.
En materia económica se establecen las bases para compartir proyectos, capaces de luchar contra la crisis. «No tengo empacho en copiar lo que está bien hecho», reconoció López. El lehendakari admitió interés por el I+D+I y las energías renovables. De hecho, tiene pendiente una visita al parque eólico de Sangüesa. Ambos gabinetes pondrán «atención» en las industrias agroalimentaria, financiera y mecánica que no conocen de fronteras.
El protocolo potencia el euskera no sólo en la educación, sino en la formación y en el sector del turismo. El Gobierno vasco mantiene el apoyo a las ikastolas de Navarra e Iparralde, aunque queda pendiente de acordar con el Ejecutivo foral la forma de gestionar los fondos, que será compartida. «Sin injerencias en las competencias en política lingüística» de cada uno, aclaró Sanz. Las dos administraciones ampliarán este programa de subvenciones a Aquitania.
El respeto a la autonomía del otro también estará presente en la cobertura de EITB. Ambas partes se comprometen a preservar las señas de identidad de Navarra y su realidad institucional. El director del ente público vasco, Alberto Surio, participó ayer en la reunión de trabajo con los consejeros.
La siguiente cumbre para el lehendakari ya tiene fecha: 24 de julio en Comillas. En ella se citará Patxi López con el presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla. Toca desatascar otra vez las relaciones.