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Islamabad quiere aprovechar la ofensiva para doblegar el feudo insurgente de Waziristán
04.07.09 -

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La pesadilla paquistaní
El general Nicholson habla con habitantes de Gamsir./ AFP
Ofensiva total contra los talibanes a ambos lados de la frontera. Los marines y las fuerzas de la OTAN se centran en la provincia afgana de Helmand y el Ejército paquistaní se emplea a fondo en la zona tribal con la 'Operación Rah-e-Nijat', cuyo objetivo final es acabar con el gran líder local en Waziristán del Sur, Baitulá Mehsud. La cooperación americana con aviones no tripulados volvió a quedar patente ayer y al menos once personas perdieron la vida tras un nuevo ataque contra un campo de entrenamiento de milicianos.
«No hay otro remedio. El Gobierno se enfrenta a la rebelión en toda regla de Tehrik-e-Talibán Pakistán (TTP), un desafío claro a su autoridad. La agenda de Mehsud consiste en crear el caos con ataques directos al aparato de seguridad y a cargos públicos. O se acaba con él o su influencia irá creciendo», asegura el analista Imtiaz Gul, director del Centro para la Investigación de Estudios de Seguridad, el primero independiente de Pakistán.
El cerco sobre Mehsud se estrecha, pero los intereses de americanos y paquistaníes son diferentes. Mientras Washington quiere acabar en primer lugar con los elementos que actúan en suelo afgano, Islamabad insiste en que sólo pretende actuar contra aquellos talibanes que ponen en peligro su estabilidad.
Dos grandes grupos
«Podemos hablar de dos grandes grupos, por un lado el formado por la red de TTP y por otro la Haqqani. La primera tiene una fuerte motivación política y sitúa entre sus objetivos a las fuerzas de seguridad de Pakistán, pero la segunda se centra en la yihad afgana y no suelen actuar en este lado de la frontera, incluso coopera hasta cierto punto con Islamabad», destaca Gul.
Dos redes con objetivos diferentes pero con un mismo respeto y obediencia hacia el mítico mulá Omar, a la vez que colaboran estrechamente con Al-Qaida. Islamabad pretende sembrar la desunión entre los líderes tribales para evitar que respalden a Mehsud, pero no lo está logrando y algunos de sus 'amigos', como Hafiz Gul Bahadar, ya han atacado a las tropas. «En 2004, el Ejército perdió a 2.000 hombres en 48 horas y tres años más tarde volvió a sufrir otra severa derrota tras dos semanas de combates. Hemos contabilizado 125 operaciones desde 2004, todas fracasadas», recuerda Gul, que espera que ahora las cosas sean diferentes y que «con la estrecha colaboración militar americana» se pueda acabar con el denominado santuario insurgente.
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