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Sociedad

ANÁLISIS

03.07.09 -

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E l Gobierno asegura que la decisión de cerrar Garoña anunciada ayer es razonada y razonable. Pues no: es un simple reflejo de la tendencia del presidente Zapatero a la improvisación. Ni la clausura, como querían algunos ecologistas, ni la mantiene abierta durante el periodo solicitado, como deseaban los propietarios, el Consejo de Seguridad Nuclear, los trabajadores de la central, los municipios del entorno, los sindicatos, la oposición, el ministro de Industria, el comisario europeo de Economía, el ex presidente Felipe González y el presidente de Red Eléctrica. En este tema, el aspecto de la seguridad es previo. Nadie puede pretender -ni conozco a nadie que lo pretenda- mantener operativa una central que conlleve riesgos graves para la población circundante. Pero, en esto, el jefe del Gobierno carece de autoridad técnica. Para establecer los criterios y hacer su seguimiento en cada caso concreto tenemos al Consejo de Seguridad Nuclear que, de forma unánime, ha establecido que Garoña es segura y cómo puede seguir siéndolo durante los próximos diez años.
Una vez establecida su seguridad operativa, la decisión del Gobierno es una frivolidad; y tomarla de la manera que la ha tomada, sin el necesario debate parlamentario, constituye un fraude a la ciudadanía. Esconderse detrás del programa electoral y adornarla con un paquete de medidas industriales alternativas supone un escarnio añadido. En el programa electoral del PSOE se recogen promesas mucho más importantes y decisivas que están sin cumplir e, incluso, varias que han ido a peor con respecto a como estaban entonces. ¿Se acuerdan del pleno empleo? El Ejecutivo podría haber empezado por ellas. Pero Zapatero prioriza las encuestas sobre los argumentos y prefiere ceder a sus impulsos populistas antes que seguir los informes razonados de sus técnicos.
Por último, enviarle al ministro Sebastián a informar de la decisión sobre el cierre de Garoña fue un acto malvado, cuando se ha manifestado con absoluta claridad a favor de su continuidad. Luego, tanto él como Corbacho estuvieron patéticos. Uno disfrazaba el cierre, el otro diseñaba un idílico panorama para los trabajadores que perderán el empleo. Que vayan a Puerto Real o a Zorita a contar esas fábulas. Perder en estos momentos un importante número de empleos y un gran volumen de inversiones, todo ello de elevada cualificación y tecnología punta, supone un despropósito y una grave irresponsabilidad. Si el cambio de modelo económico que Zapatero cuenta todas las semanas consiste en cerrar Garoña para abrir zanjas en la acera de mi casa, nos espera una buena y duradera ración de crisis.
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