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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 14 febrero 2012

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02.07.09 -

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H onduras me recuerda a aquella película francesa inefable en la que unos personajes extraídos de la Edad Media son arrojados inopinadamente al tiempo actual. No tengo para olvidar al criado, Señor del Cojón, un bufón que acaba por anclarse en esta época metido en la piel de un inadaptado e incorporando a su melena y jubón una guitarra eléctrica. El último golpe en Latinoamérica tuvo lugar en la Guatemala de 1993 -total, la prehistoria-, en donde un tal Serrano, presidente intratable, quiso investirse de un poder omnímodo. Los militares optaron por echarle.
El golpe hondureño parece tan histriónico como algunos de los personajes que lo denuncian: Chávez, un golpista irredento y onírico; Castro, un dictador dinástico; Ortega, un ex guerrillero estalinista sometido a los rigores de la democracia, o Funes, un ex miembro del movimiento guerrillero Frente de Liberación Farabundo Martí (FLFM), actual presidente de El Salvador. Todos ellos confirman el cambio de época en Latinoamérica y forman parte de la alianza bolivariana, impulsada por Chávez con el apoyo de Fidel. Como el depuesto Zelaya. Otro inadaptado, cuya expulsión, en pijama, hubiese sido saludada en EE UU, tiempo atrás, con una salva de cañonazos. No tanto por su singular indumentaria sino porque el signo de la época mandaba enviarlos al otro barrio de un tiro en la nuca.
Chile, Argentina, Bolivia y Perú han salido recientemente de dictaduras implacables y sangrientas, que aún supuran por sus heridas. Los golpes han pasado como el charlestón o el twist. Y es algo que no tuvieron en cuenta las fuerzas vivas hondureñas, avecindadas en los pagos del Señor del Cojón e ignorantes de la llegada de Obama a la Casa Blanca. Zelaya forma también parte de ese rincón polvoriento del tiempo pasado. No es menos estrafalario que Ahmadineyad, ni menos ambicioso ni más eficaz o menos imprudente que el presidente iraquí, Yalal Talabani. Es más, ha demostrado la misma avidez por el poder que sus colegas bolivarianos.
El viaje de reconquista, previsto por Zelaya, resulta asimismo tan singular como estrambótico. Ya lo era cuando albergaba la idea de desplazarse en coche acompañado por el secretario de la OEA, pero es leyenda desde que la Kirchner anunció que se suma a la aventura y también formará parte de la expedición de exploradores por la causa de la democracia. Para recuperar, como ayer leí a un ingenioso colega, la ropa de Zelaya.
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