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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 14 febrero 2012

Cultura

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A medida que avanza la temporada Manuel Jesús 'El Cid' recupera la senda del triunfo. Y lo que es más importante, paulatinamente recobra el sitio y la confianza que exhibió en pasadas campañas. Tras componer una faena encimista y trompicada al primer toro de su lote, de encastada y noble condición aunque con el fondo justo, El Cid dispuso de un segundo astado, de finas hechuras, estrecho de sienes y vareado de carnes, que, según avanzaron los tercios de la lidia -apenas fue castigado en varas- fue a más. Enrazado, repetidor y con transmisión, 'Soñador' -sobresaliente ejemplar de Toros de Gerardo Ortega- fue expandiendo su fondo de bravura por el ruedo de El Plantío. Básicamente porque el diestro hispalense logró afianzarse en la cara de un toro al que fijó en la muleta, para conducirlo en series de derechazos embarcados, sometidos, templados y largos. A cada nuevo toque el toro respondió con mayor profundidad, desplazándose hasta donde le exigió el rebozado engaño de El Cid.
Sin ser compacto en su conjunto, por el pitón izquierdo Manuel Jesús condujo la franela a media altura provocando las continuas protestas del enrazado ejemplar, el trasteo, rematado de estocada de muy trasera colocación, permitió vislumbrar la recuperación de un diestro necesario para la Fiesta de los toros. Esperemos que la actuación de El Cid en Burgos -no podía ser en otra tierra-, suponga el relanzamiento definitivo de su temporada.
El lote de Sebastián Castella fue manso de libro. Su primero se coló tras los capotes en repetidas ocasiones, rehuyó las suertes, se defendió con estrépito en los petos del caballo y arreó, con la única intención de escapar a tablas, en el transcurso del último tercio. El quinto también manseó desde que saltó a la arena. Se dejó dar en el caballo, se aquerenció en tablas, esperó y apretó a los banderilleros. Metido en los terrenos de adentro, Castella supo sujetarlo y someterlo en la muleta. Cruzado al pitón contrario y muy firme de plantas, Sebastián consintió permanentes arreones antes de dejar un espadazo de fulminantes efectos. Paseó un trabajado trofeo.
Tampoco tuvo suerte Miguel Ángel Perera. Su primero fue un toro desrazado, sin celo alguno y muy soso, y su segundo, un astado blando, tardo y sin fondo. Incisivo y porfión, el torero extremeño pecó al dilatar en exceso dos trasteos sin más argumento que el arrimón por el arrimón.
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