Enormes pedazos de hielo golpearon ayer Vitoria tras una jornada tórrida dominada por un sol abrasador. La brutal tormenta no avisó. Sólo unos truenos aislados, mal presagio, dieron una pista de lo que ocurriría sólo unos segundos antes de que el cielo se desplomase. Y sólo unos minutos, entre las cinco y cinco y media de la tarde, fueron suficientes para que la brutal granizada reventase las lunas y abollase la chapa de cientos de coches; desgarra árboles; rompiera claraboyas; destrozara farolas; saturara sumideros, paralizara el tráfico y hasta detuviera el servicio de tranvía. Miles de vitorianos asistieron impotentes al capricho meteorológico que dejó millones de euros en daños materiales, aunque no heridos de importancia. Poco importa si el granizo tenía el tamaño de pelotas de ping pong, de tenis o de futbolín, debate presente en cada esquina de la ciudad hasta bien entrada la noche.
Los mayores daños se registraron en Zabalgana, Ariznabarra, Lakua y en el pueblo de Armentia, pero el granizo puso en jaque a casi toda la ciudad. Todo el cuerpo de Bomberos fue movilizado e incluso se solicitó la colaboración de voluntarios, aunque ni con las seis dotaciones en marcha daban abasto. Su principal cometido era la retirada de cascotes en fachadas, de ramas en árboles maltrechos, achiques de agua y limpieza de vías. Especial atención merecieron los túneles de El Boulevard, de Jacinto Benavente y de la calle Tanis Aguirrebengoa, donde se cortó el tráfico. Y también fueron multitud las calles, como la Avenida, que se tornaron en ríos.
La culpa fue de las hojas. Los gruesos trozos de hielo (llegaron a medirse unidades de cuatro centímetros de diámetro) destrozaron las ramas de los árboles y media ciudad pasó del manto blanco al verde en pocos minutos. Esas hojas taponaron sumideros y agravaron la situación en un alcantarillado que ya no daba de sí para achicar el agua caída en tan poco tiempo, así que la firma de la limpieza, FCC, tuvo que emplearse a fondo.
Por supuesto, todo esto repercutió en el tráfico, también afectado por las balsas de agua que se formaban en calles y rotondas como la de La Antonia, en dirección a los concesionarios de Armentia. Al caos de tráfico se unió la interrupción del servicio de tranvía: una enorme piscina en Duque de Wellington le impedía continuar hacia Ibaiondo, así que terminaba su ruta en esta parada y regresaba a Angulema.
Asesoría para seguros
De la granizada tampoco se libraron los servicios municipales. En un primer balance, el Ayuntamiento anunció daños en tres centros cívicos. En los de Hegoalde y Judimendi las inundaciones obligaron a cerrar las canchas deportivas, mientras que el granizo rompió las claraboyas del de Lakua, por lo que las piscinas fueron desalojadas.
En casas particulares aún habrá que esperar un balance oficial. Sin embargo, la rotura de techados y la insuficiencia del alcantarillado dejaron anegados multitud de bajos y garajes. Para los vecinos afectados, el Ayuntamiento habilitará a partir de las nueve de la mañana de hoy una oficina en los bajos de la plaza de España donde se ofrecerá asesoramiento para la tramitación de seguros, igual que se hizo en las inundaciones que golpearon Vitoria hace exactamente un año.
Pero, sobre todo, los más afectados fueron los coches. Miles de vehículos acabaron con decenas de abollones y las lunas destrozadas. Sufrieron la fuerza del granizo las dos centenares de unidades que Mercedes almacenaba en el exterior de la fábrica, y también fueron decenas los turismos nuevos dañados en los concesionarios. Sin embargo, miles de particulares que tenían sus vehículos aparcados en la calle eran los que más se lamentaban. Y llamaban a las compañías aseguradoras, que no daban abasto y cuyas líneas telefónicas estaban colapsadas.
Igual que no darán abasto los talleres de reparación. El presidente de la Asociación de Empresarios de Automoción de Álava, Fernando Díaz, anunció que solicitará a las aseguradoras autorización para instalar lunas porque los pocos centros especializados concertados no están en disposición de dar servicio a tantos afectados. Además, Díaz respondió a la pregunta que atormenta a muchos vitorianos: si lo vivido ayer no es considerado catástrofe natural -el Ayuntamiento lo tendrá que evaluar- sólo quien tiene el coche asegurado a todo riesgo, o con cláusulas específicas, se librará de la abultada factura del chapista.