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Micheletti, presidente provisional hasta las elecciones de noviembre, afirma que su antecesor «debería estar en la cárcel»
30.06.09 -

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«Aquí no hubo un golpe de Estado sino una sucesión constitucional», se defendió ayer el presidente de facto de Honduras, Roberto Micheletti, designado por el Congreso unicameral el domingo después de que las Fuerzas Armadas expulsaran a Manual Zelaya a balazos de su residencia oficial y lo sacaran del país. «El Ejército fue benévolo al permitir que se marchara cuando en realidad tenía que haber ido a la cárcel por los delitos cometidos», juzgó el dirigente en su argumentación.
El presidente provisional se refirió así a la voluntad de Zelaya de avanzar con la polémica realización de una consulta no vinculante desautorizada por la Justicia. «No hemos hecho nada ilegal», declaró Micheletti, que intentó tranquilizar al mundo, que mira con preocupación la interrupción del orden democrático en el país centroamericano. «Respetamos a todos y sólo pedimos que nos respeten y nos dejen en paz porque el país se encamina a elecciones generales libres y transparentes en noviembre», subrayó.
Micheletti era compañero de andadura de Zelaya en el centroderechista Partido Liberal hasta que el mandatario decidió dar un viraje a la izquierda. Desde entonces se convirtieron en rivales. El ex líder del Congreso participó en las elecciones internas de la formación celebradas para designar al candidato a la presidencia en los próximos comicios. Entonces ganó el vicepresidente de Zelaya, Elvin Santos. No obstante, el derrotado precandidato consigue ahora un premio de consuelo: presidir Honduras de forma provisional hasta la próxima cita electoral.
Trámite incumplido
Desde su posición como presidente del Congreso y sin un vicepresidente del país en ejercicio -Santos renunció para dedicarse a la campaña-, Micheletti se puso en cabeza de la línea sucesoria. Pero para asumir el cargo, se requeriría la renuncia del presidente legítimo, un trámite que no se ha cumplido.
El nuevo mandatario también se mostró preocupado por las palabras del líder venezolano, Hugo Chávez, que dijo que derrotarían al nuevo Gobierno. «Nos amenazan con invadir nuestro territorio, pero cada hondureño es un soldado que defenderá su patria. Nadie nos atemorizará», refutó.
Al ser preguntado por ministros secuestrados y algunos todavía en paradero desconocido, Micheletti, que ayer tomó juramento a los miembros de su Gabinete, aseguró que varios están «muy contentos» trabajando en el nuevo Ejecutivo. En el caso de la canciller Patricia Rodas, raptada y trasladada a México, señaló que se había marchado «por voluntad propia».
Finalmente, el flamante nuevo ministro de Exteriores, Enrique Ortiz Colindres, advirtió de que la comunidad internacional «debe respetar la decisión de Honduras» de deponer a Zelaya. «Acá no hubo golpe de Estado porque los hondureños siguen regidos por la Constitución, que el anterior Gabinete quiso reformar sin ningún fundamento y de manera ilegal» dijo, al tiempo de que advirtió de que «buscaremos a los amigos» -que no identificó- para afrontar el nuevo desafío.
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