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Han visitado a cerca de 2.500 deudores en el último año y auguran que ese número irá «a más» debido al parón en la construcción
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En medio de la vorágine de ajustes de plantilla, congelación de salarios y parón de la productividad, hay empresas a las que la crisis les está saliendo de lo más rentable. Se trata de las' agencias de cobro de morosos, cuya actividad se ha «duplicado» en los últimos meses. Y es que, pese a que Álava no ha destacado nunca en esta faceta, los cobradores de deudas que operan en la provincia han llegado a visitar a cerca de 2.500 deudores en el último año.
«Es una barbaridad», valora el gerente de Alavesa de Cobros, Manuel Lezcano. «Los casos se han duplicado con respecto a 2006, cuando la economía era boyante, y todo apunta -avisa- a que este número se disparará aún más debido al notable parón de la construcción». No en vano, se trata de uno de los sectores que más facturas sin pagar genera en la provincia.
Pero no sólo del ladrillo viven los cobradores de deudas. Alquileres sin pagar, cuentas sin cerrar, facturas devueltas o material de lo más variopinto prestado a fondo perdido motivan también gran parte de los expedientes que se acumulan en los despachos de estos profesionales.
El procedimiento que siguen los agentes es, sea cual sea el caso, similar. Una vez que el cliente les facilita el nombre de quien no paga, inician una investigación. Bucean en registros y archivos a fin de obtener información sobre el patrimonio o los negocios de los acreedores. «La información es la mejor herramienta para poder cobrar una deuda, pero tampoco es garantía de éxito», matiza el responsable de El Cobrador del Frac en la zona Norte, Esteban Gil. Porque, según atestigua, «cada moroso es un mundo».
Los hay que tienen una «situación económica penosa»; otros, extranjeros en su mayoría, pueden llegar a encontrarse en «paradero desconocido» y también es frecuente toparse con el moroso 'profesional'. «Hay gente que tiene más cara que espalda y que, además, está muy bien asesorada. Personas insolventes legales que, sin embargo, gozan de muy buen nivel de vida», expone Gil.
Sin embargo, casi todos se comportan de la misma manera al saber que su deuda ha quedado al descubierto. «La gente que debe dinero siempre es reacia a pagar, de ahí que el proceso de cobro se pueda dilatar durante años», reconoce otro de los cobradores de deudas que operan en Vitoria.
Casos «imposibles»
No es lo habitual. A menudo, un expediente se resuelve en un plazo de entre un mes y tres años. Además, en unos treinta días, los agentes de cobro son capaces de adivinar si el moroso va a pagar o no. «Muchos casos son imposibles. Bien porque el deudor no tiene qué llevarse a la boca, y nosotros no quitamos a nadie el pan, o bien porque hay gente capaz de liarla muy gorda», dice Lezcano.
Aun así, en el caso de que el cliente quiera continuar adelante -las empresas, eso sí, no suelen aceptar trabajos en los que la deuda sea inferior a mil euros- a los cobradores de morosos no les queda más remedio que ser perseverantes. «Las llamadas de teléfono o las cartas no suelen funcionar. Hay que ir a buscarles las veces que hagan falta hasta que se consiga cobrar».
Llegan al domicilio vestidos de manera discreta -el frac o el traje de luces son más reclamos publicitarios de las grandes agencias que otra cosa-, y tras presentarse ante el acreedor, le recuerdan que tiene una cuenta pendiente. A partir de ahí, tratan de negociar la mejor forma de pago con «diálogo e insistencia». De ello depende el éxito o el fracaso de la operación.
En función de las circuntancias personales del deudor y de la cantidad debida -en algún caso se han llegado recuperar débitos de hasta 600.000 euros-, los casos resueltos pueden oscilar entre el 50% y el 70%. Las comisiones, por su parte, van del 28% al 40%, dependiendo también de cada asunto.
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