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El prototipo fue interceptado en Francia antes de una demostración a la cúpula

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Los artilleros de ETA han creado una furgoneta lanzagranadas totalmente automatizada y de acción retardada que permite bombardear cuarteles o edificios oficiales con mínimo riesgo para el comando ejecutor. El dispositivo se activa mediante temporizador en tres fases: apertura lateral de las puertas traseras, disparo simultáneo de dos obuses de grueso calibre y bomba-trampa incendiaria contra los artificieros policiales. Un prototipo fue interceptado hace cinco años por la policía francesa en un traslado organizado por el departamento logístico con el propósito de realizar una demostración al aparato militar.
El 9 de febrero de 2004 una brigada del servicio de Aduanas de Angulema (suroeste de Francia) dio el alto a un vehículo que circulaba por la Nacional-10 en dirección norte a la altura de Touverac (Charente). El conductor no sólo no se detuvo sino que intentó echar de la carretera a los policías perseguidores con volantazos y frenazos bruscos. Cuando finalmente los dos ocupantes fueron atrapados en el municipio vecino de Oriolles, el copiloto repitió varias veces las palabras «explosivos ETA» para avisarles del contenido del utilitario.
Separado de los asientos delanteros por un cierre de corredera metálico, el compartimento de carga estaba dividido a media altura por una plancha recubierta con un colchón enrollado y un saco de dormir. Bajo este dormitorio improvisado, el habitáculo inferior disimulaba un conjunto de piezas metálicas, recipientes y accesorios diversos etiquetados en euskera. Los explosivos eran 32 kilos de amonal, seis bolsas de pólvora, cordón detonante y detonadores.
El cargamento permitía ensamblar dos sistemas artesanales de lanzamiento de granadas que fueron reconstruidos por expertos franceses en armamento. Los peritos concluyeron que ambos dispositivos estaban preparados para ser montados y entrar en funcionamiento. Sólo faltaban los detonadores, cebos y mecha lenta que habían sido destruidos por los especialistas en desactivación de explosivos por razones de seguridad para el registro del vehículo.
Grueso calibre
El primer artilugio era un clásico 'Jotake' desmontado con su proyectil en forma de ojiva, tubo galvanizado a modo de mortero, espoletas, amonal para cebar la munición, medio kilo de pólvora propulsiva y cordón detonante. Llevaba dos tipos de iniciadores, uno bajo forma de reloj-temporizador y el otro mediante mando a distancia de tipo IM-2.
El segundo sistema formaba una batería con dos morteros 'Jotake Handia', un modelo en el que se utilizan botellas de oxígeno serradas por un extremo como tubo lanzador y con capacidad para cargar hasta 33 kilos de explosivo. Los dos conductos de metal estaban reforzados con chapas soldadas y listos para disparar proyectiles de grueso calibre a una inclinación de 45 grados.
Con ayuda de instrucciones en plan bricolaje, los peritos restablecieron el orden cronológico en que estaba previsto que funcionara el dispositivo de manera automática. En primer lugar, un disparador retardado abría las puertas laterales traseras de la furgoneta, movidas por dos muelles de tracción.
Luego se prendían las dos cargas impulsoras embutidas en el fondo de los morteros, anclados en posición inclinada al chasis con soldadura y tornillería. Al mismo tiempo un percutor iniciaba los cohetes pirotécnicos montados en la cabeza de los dos proyectiles que partían simultáneamente hacia el objetivo. Por último, se daba fuego al vehículo y al material con una carga de cloratita activada con un temporizador programado para el momento de la intervención de los artificieros policiales.
Los servicios antiterroristas atribuyen la autoría del invento a Luis Enrique Garate Galarza 'Alicia', el hombre que advirtió a gritos a los policías del peligro. Creen que aprendió a confeccionar los 'Jotake Handia' en contactos entablados con las guerrillas latinoamericanas durante su estancia en Nicaragua. Allí coincidió a mediados de los años 1990 con Josetxo Zeberio Aierbe, 'Katxarro', quien le secundaba en la elaboración de esos obuses y otros artefactos en la fábrica de armas y explosivos desmantelada la primavera de 2004 en la localidad vascofrancesa de Saint Michel.
Los investigadores han llegado a la conclusión de que los aduaneros desbarataron, a 70 kilómetros al norte de Burdeos, el envío para una demostración al aparato militar. El prototipo había salido de los talleres clandestinos, próximos a la frontera navarra, y era conducido en sentido contrario a España por Ibon Elorrieta Sanz, 'Eneko', adjunto en la jefatura logística de Iñaki Esparza Luri, 'Ana', otro veterano de la era sandinista.
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