Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Mundo

viaje por oriente próximo

Benedicto XVI, que llega hoy a Israel, pide «coraje» a lasminorías para que se queden en Tierra Santa y evitar que la región se convierta en un lugar de mero valor cultural

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
Los cristianos palestinos esperan al Papa con reservas
Benedicto XVI saluda a los fieles que se congregaron en el estadio de Amán para asistir a misa. / AFP
El Papa celebró ayer en Jordania la primera misa en público de su viaje a Oriente Próximo, en el estadio internacional de Amán, y sacó a la luz la exigua presencia cristiana en este país, un 4%. Había 25.000 fieles, entre ellos un grueso contingente de exiliados caldeos huidos de Irak, al borde de la extinción. Medio centenar de niños iraquíes hicieron la primera comunión. Uno de los objetivos con menos eco de la visita de Benedicto XVI, pero al que el Vaticano da la mayor importancia, es reconfortar a estas minorías olvidadas, a menudo en dificultades y en continuo descenso.
Es un archipiélago de confesiones de origen remoto, testigo de los primeros años del cristianismo. Por ejemplo, en este viaje el Papa oficiará en cinco ritos distintos y en los territorios palestinos se encontrará hasta con doce confesiones diversas: greco-ortodoxos, maronitas, melquitas, armenios, sirios, coptos... A todos ellos les pidió «coraje» para mantener la presencia de la Iglesia en Tierra Santa, pues uno de los mayores temores de la Santa Sede es que este éxodo imparable acabe convirtiendo la región en un mero lugar de interés cultural y arqueológico. «Os pido la valentía de la convicción nacida de una fe personal, no de una convención social o de una tradición familiar», dijo Ratzinger a estos grupos que viven aislados. En la misa no hubo otros mensajes fuertes, aunque también ensalzó la dignidad de la mujer, mención estridente en algunas sociedades musulmanas, y llamó a luchar contra quienes «truncan vidas inocentes». Según los vaticanistas, se refería a los terroristas kamikazes, aunque hay formas más claras de decirlo.
«No tengo permiso»
Sin embargo, la paradoja es que en Israel y los territorios palestinos, a donde hoy llega el Papa, quienes menos entusiasmo han mostrado con su visita son precisamente las minorías cristianas, mayoritariamente árabes. Basta preguntarle a Mitri Ghnem, grecoortodoxo, un anciano palestino de Beit Jala, un suburbio de Belén, que ve avanzar hacia su jardín de geranios y nísperos el famoso muro de seguridad levantado por Israel. Está a 50 metros y, según el plan previsto, se lo colocarán a cuatro metros de la puerta de su casa. «No voy a ir a ver al Papa, no tengo un permiso para ir a Nazareth y en Belén no cabemos todos, pero lo importante es que venga a ver cómo vivimos, encerrados, cómo sufre su gente. ¿No es nuestro Papa? Pues que venga a ver este muro», dice con cierto resentimiento.
Un dirigente católico palestino, que prefiere no identificarse, confirma que esta vez, a diferencia de con Juan Pablo II en 2000, no hay la misma expectación e incluso reina cierta desaprobación. «Los bombardeos de Gaza están muy recientes, se acaba de sentar en Israel un Gobierno ultraconservador al que el Papa va a dar la mano y que está construyendo este muro que nos ahoga. Además el jueves es el aniversario de la nakba (catástrofe), proclamación del Estado de Israel en 1948). No es el mejor momento», asegura. En Gaza murieron cinco palestinos cristianos, mucho para una comunidad pequeña. Los cristianos de Israel y los territorios ocupados son sólo 130.000, la mitad católicos. Han caído en picado, del 20% al 2% en cuatro décadas. En Jerusalén se han quedado en 14.000 fieles, y en enclaves históricos como Belén, donde eran el 75% en 1967, hoy son el 12%.
El propio patriarca latino de Jerusalén, Fouad Twal, máxima autoridad católica de Tierra Santa, admitió la semana pasada que la comunidad cristiana palestina «ha manifestado su desacuerdo y sus temores». Pese a que el Pontífice visitará Belén y un campo de refugiados, y que ayer se imponía la emoción de los preparativos -la basílica de la Natividad bullía de visitantes-, la principal preocupación es que Benedicto XVI legitime en algún modo la política de Israel. La autoridad palestina ya dio ayer una rueda de prensa en Jerusalén Este, con la vista gorda de la Policía israelí, para adelantar que su objetivo es «asegurarnos que el Papa comprenderá que esta es una ciudad ocupada y el sufrimiento del pueblo palestino». A partir de hoy comienza la batalla política por capitalizar la visita del Santo Padre, aunque primero juegan los israelíes.
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Vocento
SarenetRSS