Emulando el spot televisivo de la petrolera que patrocina a los del 'cavallino', a Felipe Massa le faltaron ayer unos metros para alcanzar el surtidor, todo por un vergonzante error de cálculo que echó por tierra la sólida actuación del brasileño.
Ferrari afrontaba la primera batalla europea de la Fórmula 1 como una reválida. Sabedores de su escasez de argumentos para afrontar el huracán Brawn, los rectores de la 'Scuderia' anunciaban una revolución que les devolviera a la élite de la parrilla. Justo es reconocer que Massa ha dispuesto de coche en Barcelona para acompañar incluso en el podio a quienes sólo en Red Bull encuentran rival que les dispute el título en esta transgresora temporada.
Ya decía Pedro de la Rosa que no hay trazado en el calendario capaz de calibrar con mayor fidelidad que Montmeló la valía de un monoplaza respecto a la competencia. Quizá por ello un veterano como Rubens Barrichello decidiera jugar sus cartas liderando las primeras vueltas de la carrera, apoyado en una arrancada explosiva que se vería lastrada por una discutible estrategia a tres paradas nefasta para sus opciones a la victoria y quién sabe si también al campeonato, hitos ambos copados por el arrasador Button.
El rutilante inicio de campaña del británico recuerda al que protagonizó Alonso en 2005, cuando encadenando triunfos cimentó una ventaja irrecuperable para sus rivales en una época gloriosa que pareció querer reeditar ayer al cosechar un quinto puesto de enorme mérito.
Red Bull anuncia para Mónaco la primera evolución de su monoplaza, doble difusor incluido. Puede ser entonces cuando la galopada que impulsa a Button se vea ralentizada por el salto de calidad que confirme a Webber y Vettel como aspirantes a una corona que hoy por hoy parece labrada a la medida del inglés. Veremos si las imprevisibles calles del Principado permiten calibrar la mejora que su adopción suponga en la última obra del genial Newey , un mago al que ayer mismo Niki Lauda ensalzaba como estandarte de la más pura esencia de la F-1, un artista que traza las líneas básicas de sus creaciones con un lápiz y un folio en blanco.
El bravo Lauda aún se enorgullece de haber alzado su última copa de campeón al tiempo que nuestro Athletic, en 1984. Todo porque el valiente piloto austríaco se convirtió en seguidor del club rojiblanco una vez enraizado en Ibiza y no oculta su simpatía por los leones. ¿Volverá a ser ésta la temporada de los últimos románticos, de Newey y nuestro Athletic, para regocijo de Lauda? Ojalá. De momento, desde la distancia, Niki será el miércoles uno más al grito de ¡Aúpa Athletic! Como todos nosotros.