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NÁSTIC 1-1 ALAVÉS
Otra oportunidad desperdiciada

Tira por la borda el 0-1 y una gran ocasión de recortar en un mal partido que le acerca al descenso

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El Alavés perdió ayer otra grandísima ocasión de estrechar el cerco sobre sus rivales directos. Pero el fútbol albiazul no ensancha y su intento de abatir piezas de caza mayor con una escopeta de aire comprimido provoca desoladores escenarios como el de ayer en el Nou Estadi. Ni con un penalti a beneficio de inventario logró el equipo vitoriano asegurar el botín ante un adversario en evidente periodo vacacional.
Otro contragolpe inexplicable concedido dejó atrás un triunfo obligado. Fue el gran pecado después de tomar ventaja con el primer disparo entre los tres palos. A seis jornadas del final del campeonato la desventaja se mantiene en cinco puntos. Al cuadro de Javi López le siguen sosteniendo las matemáticas, pero la herida se abre cada vez más y el equipo se desangra a paso lento sin encontrar sutura para sus numerosos cortes. Esos que a estas alturas se antojan ya mortales, al menos si el tratamiento es la medicina convencional.
Albacar, de penalti
Más allá de que el Alavés pusiese ayer algo más de espíritu sobre el césped que hace una semana, el retrato futbolístico resultó similar al dibujado por el Castellón en Mendizorroza. La pelea entre un adversario de calidad lastrado por una actitud burocrática debido a su final de temporada ya sellado y un cuadro albiazul tan escaso de recursos que es puro desamparo.
Aún así, un pase en profundidad de Emilio -otra vez junto a Albacar de lo poco albiazul relacionado con un equipo de fútbol- sirvió para que Javi Guerra, en su única acción positiva, forzara un penalti. Que Albacar lo transformara y el cuadro vitoriano no se llevara ayer los tres puntos forma ya parte de los misterios del fútbol.
El entrenador alavesista había reclamado un fútbol «enérgico» y el presidente habló de «última oportunidad». Con estos mensajes y un cambio de sistema que confirmó las pruebas semanales para pasar al 4-2-3-1 la situación no mejoró en exceso. El Nástic, con una plantilla galáctica para las posibilidades albiazules, se contentaba con amasar el balón y no perder la posición defensiva.
Para el Alavés, excepto en cinco minutos iniciales de empuje y defensa adelantada, la situación era de buscar la portería contraria con las tripas. Con desmarques en profundidad de Cuevas, con un par de contragolpes medio hilvanados ante una defensa adversaria sin excesivo celo. Con acciones a balón parado mal ejecutadas... Con casi nada.
Empate y locura final
En realidad el partido se condensó en los diez minutos finales. Después de que el Alavés, en otro ejercicio de ingenuidad, convirtiese un córner a favor, que casi supone el 0-2, en un contragolpe fatídico aprovechado por el veterano Moisés. La grada dejó atrás la bronca anterior a un equipo indolente y fallón y lo espoleó en ese tramo. Al cuadro vitoriano, conocedor de que el empate le condenada a galeras, no le quedó otra que descomponerse y buscar de nuevo la heroica.
Javi López, que en otro ejercicio surrealista dejó a Igor sin salir al césped tras intentar meterlo en el último minuto de juego, había intentado afilar el equipo con De Marcos por la derecha y Juanjo por el desorientado Javi Guerra. En realidad, fue el Nástic quien más ganó con los cambios. Porque la entrada de Moisés supuso un claro toque a rebato de los catalanes.
A partir de ahí, cuando la tranquilidad anterior en las áreas dejó paso a la efervescencia, cualquier cosa pudo suceder. El cruce de oportunidades con dos equipos a tumba abierta resultó permanente. No acertó De Marcos, Rubén sacó un balón de gol a Kalderon y Bernardo sofocó los últimos incendios, que eran llamas prácticamente de descenso.
Las que se llevó el Alavés para Vitoria no fueron tales, aunque así se sienten a medida que menguan las jornadas y el cuadro albiazul resulta incapaz de recortar distancias. Más bien cuando la incapacidad se produce ante dos adversarios consecutivos -Castellón y Nástic- que han jugado estos duelos en bata y zapatillas, con un ojo en el campo y otro en el esperado final de Liga. Llega ahora el derbi a Mendizorroza y, de nuevo, la obligación de ganar. Nueve partidos de 36 ha vencido el Alavés y ahora necesita cinco de seis.
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