Ocurrió en un municipio vizcaíno de la Margen Derecha. La tutela del chaval la tenía su padre. El hombre, de edad avanzada, se echó novia, una mujer más joven que él. El adolescente no soportó convivir con su nueva 'madre' y pidió emanciparse. La ley le amparaba. Una de las razones que abren la puerta a esta forma temprana de independizarse es que el progenitor que ejerce la custodia del menor se case de nuevo o conviva con otra persona. Fue un 'ahí os quedáis' del muchacho. Se trasladó a estudiar fuera de Euskadi con otros familiares y sus padres continuaron pagando su manutención. Los divorcios se han colado ahora como detonante de muchas emancipaciones, procesos que durante años estaban motivados por otras causas: por matrimonios tempranos -cuando el hijo se casa con menos de 18 años- o por los padres de menores conflictivos que evitaban así convertirse en responsables civiles de los delitos de sus hijos.
Los padres pueden facilitar la emancipación de los adolescentes con un procedimiento muy simple. Se otorga mediante escritura pública ante notario y se inscribe en el Registro Civil. Sin más. Desde ese momento, el chaval dispone de su persona y sus bienes como si fuera mayor de edad.
La segunda vía es el matrimonio. Si el joven se casa antes de cumplir los 18 años rompe los vínculos de forma automática. Hay una tercera posibilidad. Se produce cuando el adolescente solicita a los tribunales la emancipación al cumplir los 16 años sin el visto bueno de sus progenitores. En ese caso de conflicto, quien decide es el juez. Intervienen fiscales y abogados y se abre un proceso judicial.
Los registros civiles de los diferentes partidos judiciales vascos han tramitado la emancipación de más de doscientos menores desde 2005, según los expedientes que manejan estos organismos. La mayoría, más de 150, se han gestionado en Bilbao, Vitoria, y San Sebastián, según los datos recogidos por el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco. Lo habitual es que los progenitores la concedan de forma voluntaria, lo que supone que pierden la patria potestad. «Casi la totalidad de los expedientes que hemos tramitado en San Sebastián son emancipaciones de mutuo acuerdo», confirma una juez del registro de la capital guipuzcoana.
Una parte de los menores que rompen el vínculo con su familia son chavales 'infractores'. Sus padres les emancipan para no tener que hacer frente a la responsabilidad civil si cometen delitos. «No pueden controlarlos en casa y optan por la única salida que les queda para evitar hacerse cargo económicamente de las consecuencias de sus fechorías», explica una abogada bilbaína que ha participado en procesos de este tipo.
Bodas precoces
Hace años casarse antes de los 18 también era motivo habitual de que un menor diera el paso de independizarse, una circunstancia que ocurría principalmente entre miembros de la comunidad gitana. «Ya son pocos los adolescentes de nuestra comunidad que se emancipan. Por una parte el rito gitano no exige hacer papeles, lo consideramos totalmente válido para reconocer un matrimonio. Tratamos, además, de quitar de la cabeza a los chavales esa idea. Sólo si por cuestiones administrativas o legales lo necesitan se tramita oficialmente», explica Óscar Vizarraga, representante de este colectivo en el País Vasco.
Las razones de la emancipación han evolucionado con el paso del tiempo y las nuevas circunstancias sociales. El incremento de los divorcios y las peleas por la custodia de los hijos han abierto un hueco a estos procesos en los que un menor deja de necesitar permisos paternos para su vida diaria. Los chavales, a los 16 años, pueden decidir con cuál de sus progenitores quiere vivir. Es entonces cuando salta la chispa. «La emancipación les puede facilitar elegir a su padre, su madre o a ninguno de los dos», explica un abogado especialista en litigios familiares.
La ley especifica como razones para la concesión judicial de la emancipación tener padres separados, que el progenitor que ejerce la patria potestad se case otra vez o conviva con otra persona. Una asociación de la capital vizcaína en la que colaboran abogados tramitó la emancipación de una menor en un complejo proceso de divorcio. Los jueces decidieron que la custodia fuera para la madre, pero la adolescente deseaba vivir con su padre, homosexual, que había rehecho su vida junto a otro hombre -una situación que le supuso un obstáculo para hacerse con la custodia-. La adolescente, que alegaba que su madre le maltrataba, optó entonces por solicitar la emancipación, ganó el proceso y se fue a vivir con su padre y su pareja.
¿De qué viven?
Un juez tuvo que intervenir también en el proceso de un muchacho vizcaíno que pidió la emancipación tras la muerte de su madre. Legalmente el chico debía quedarse a vivir en la casa con su padrastro. Logró el respaldo de los tribunales y pudo trasladarse a casa de un familiar.
El chaval que se independiza no se queda en el aire, sin recursos económicos para vivir. «En todo caso, la emancipación no significa que se anule la obligación de las familias de mantener a sus hijos», añade la magistrada guipuzcoana. Si sus padres están separados puede recibir directamente el dinero asignado para su manutención, que hasta ese momento gestionaba la persona que ejercía su custodia.
Los adolescentes conocen todos estos derechos y comienzan a ejercerlos sin pudor. Un juzgado vizcaíno acaba de resolver a favor de los padres un litigio en el que estaba implicada una adolescente con problemas de comportamiento. La menor, que ingresó en un centro de acogida, llevó a sus progenitores a juicio, solicitó la emancipación y reclamó que le pasaran un cantidad para mantenerla.
m.f.vallejo@diario-elcorreo.com