
Vista de la central de Garoña./ Archivo
Un portavoz de Nuclenor, propietaria de la Central Nuclear Santa María de Garoña (Burgos), ha aclarado esta tarde que la bajada de potencia experimentada en la central y que ha denunciado Greenpeace hoy estaba programada de antemano. Esta misma fuente ha incidido, además, en que la misma no requiere una notificación al Consejo de Seguridad Nuclear (CSN).
La organización ecologista había enviado hoy un comunicado a los medios en los que denunciaba que la central burgalesa llevaba 36 horas a mitad de potencia por "lo que parece ser una posible fuga en el combustible nuclear". Por este motivo, había pedido información al Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), pero dicho organismo "ni confirmaba ni desmentía el suceso".
El portavoz de Nuclenor, por su parte, ha recalcado que la central ya había informado de una variación de carga programada desde ayer para la realización de pruebas de integridad de combustible y ajuste de barras de control. Esta revisión, ha acalarado, obedece a un cambio en la secuencia de barras de control para mantener el equilibrio en el nivel de quemado del combustible del reactor, circunstancia que, además, se ha aprovechado para revisar los elementos combustibles con el fin de garantizar su integridad.
En este sentido, ha señalado, además, que se pretende verificar el origen de un "ligero" incremento en la actividad nuclear del reactor que han detectado los responsables de Garoña peroha negado que se haya producido una fuga de combustible, tal y como denunciaba Greenpeace. Por último, ha incidido en que, desde un punto de vista operativo, la central funciona "perfectamente" y la bajada de potencia no tiene ni siquiera que ser notificada al Consejo de Seguridad Nuclear. Esta variación comenzó el sábado y se podría prolongar todavía unos días más, ha concluido el portavoz.
El comunicado de Greenpeace
En el comunicado enviado por la ONG a los medios, se decía que, según los datos de que disponia la organización, una rotura de un elemento del combustible nuclear en la central nuclear de Garoña había provocado "que ésta haya tenido que reducir su potencia a la mitad desde la madrugada del sábado", tal y como ha publicado Red Eléctrica Española (REE). Según los contactos que había mantenido Greenpeace con la Sala de Emergencias (SALEM) del CSN para confirmar este extremo, lo que se estaba haciendo en Garoña eran "reestructuraciones de las barras de control". Sin embargo, el colectivo ecologista aseguraba que "casualmente, éste es el proceso habitual en caso de fuga para tratar de encontrar cuál es la varilla (o varillas) de combustible que sufre la fuga".
Para Greenpeace, un fallo de esa naturaleza "supone un problema grave de seguridad", al afectar al combustible nuclear que alberga la vasija del reactor, "que es el verdadero corazón de la central nuclear". "En estos elementos tienen lugar las reacciones de fisión nuclear, que generan gran cantidad de radiactividad. Una rotura o anomalía en estos elementos provoca un aumento de liberación de radiactividad al circuito primario, que finalmente puede redundar en un incremento de los niveles de radiactividad emitidos al medio ambiente exterior", apuntaban en la nota.
La organización ecologista denunciaba, además, que la central de Garoña "ya ha sufrido este problema de forma reiterada" y recordaba que el 11 de diciembre de 2006 "se produjo un accidente similar". "El incremento que se produjo entonces en los niveles de radiactividad en el circuito primario, debido a las pérdidas anómalas de radiactividad del elemento de combustible dañado, fue la causa por la que Nuclenor se tuvo que adelantar la parada de recarga de 2007", indicaba. Asimismo reiteraba que, pese a que entonces Nuclenor apantalló el elemento de combustible roto, "para tratar de minimizar la liberación de radiactividad al circuito primario", ésta "se siguió produciendo sin remedio".
Ante "el cúmulo de fallos en la instalación, conocidos a pesar del oscurantismo de Nuclenor", Greenpeace pedía al Gobierno "que no demore por más tiempo la decisión de cerrar definitivamente la central en julio de 2009, cuando acaba su permiso de explotación". "No hay ningún motivo económico, ni energético, ni medioambiental ni social al que el Gobierno pueda agarrarse para incumplir su compromiso de cerrar inmediatamente y de forma definitiva la obsoleta y peligrosa central nuclear de Garoña", precisaba.