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JUAN DIEGO FLÓREZ. TENOR

10.05.09 -

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«Algo tendré si gusto a mis ídolos»
Si Dios cantase ópera, se llamaría Juan Diego Flórez. El tenor peruano, considerado el sucesor de Pavarotti, ha puesto el mejor broche posible a la temporada de la ABAO bilbaína con 'La hija del regimiento', una ópera con un aria que es todo un 'ochomil' para las cuerdas vocales: nueve 'Do' de pecho encadenados que Flórez entona como quien silba.
-Perdone si me nota un poco cohibida.
-¿Por qué?
-¡Estoy ante un divo del bel canto!
-No, no, soy una persona normal. En esta profesión, cuando consigues cierta fama, ya te empiezan a llamar divo.
-¿Gajes del oficio?
-Sí, antiguamente los grandes tenores eran considerados dioses. También ha habido divas, mujeres inalcanzables y con un comportamiento caprichoso que querían una limusina para que les llevara al teatro.
-Como la Callas.
-Eso pasó de moda, ahora el público nos ve como personas normales. Y los cantantes no se ven obligados a tener que 'endivarse'.
-Un alivio.
-Claro, porque el público, en el fondo, quería vernos así. Ahora hay más juventud y eso hace que el divismo haya desaparecido.
-¿Cuántos minutos le ha aplaudido el público bilbaíno?
-Es bastante caluroso y su modo de aplaudir es efusivo pero no muy largo, como el de Londres.
-Su récord está en...
-No sé, cinco minutos, seis... una eternidad.
-No puedo evitar el chiste fácil: usted sí puede presumir de haber dado el Do de pecho pero ¡multiplicado por nueve!
-No me preparo mucho para evitar preocuparme. Es lo peor para esas notas. Eso sí, practico en el camerino y cuando llega el momento necesito cierta concentración, pero a la vez me dejo llevar por la música. Tiene que haber un componente espontáneo.
-Debutó hace sólo 13 años en Pesaro cuando sustituyó al primer tenor, que se puso enfermo. Confiese: ¿cómo le envenenó?
-Ja, ja, es un secreto. Yo hacía un papel menor. Se enfermó el tenor y no encontraban sustituto. «Este chico parece que tiene talento», dijo alguien. Y me lanzaron al ruedo.
-Y cortó las dos orejas.
-Yo dije que sí, no tenía nada que perder. Ése fue mi trampolín.
-Luego Pavarotti le encumbró tras coincidir con él en unas vacaciones. ¿Otra casualidad o se hizo el encontradizo?
-No. Un amigo me dijo: «¿Quieres conocerle?» «¡Claro, es mi ídolo!» Mi agente me daba codazos: «¿Por qué no le cantas algo?» Pavarotti se dio cuenta. Le canté la famosa aria de los nueve 'Do'.
-¿Así, a pelo?
-Sí, sin calentar. Le gustó mucho.
-Tanto que le nombró su sucesor. ¿Una pesada herencia?
-Sí, pero algo tendré que les gusto a mis ídolos. También Plácido Domingo ha dicho cosas muy bonitas de mí. He crecido con ídolos que creía inalcanzables y que ahora digan cosas buenas de mí me parece surreal, no me lo creo.
-Pero de niño no jugaba a 'Los tres tenores'.
-De joven me gustaba más el rock clásico. Mi inquietud por la música me llevó a aprender canto, piano y terminé en el conservatorio, donde descubrí mi voz.
-¿Y es cierto que imitaba a Raffaella Carrá o es muy mala la envidia?
-Sí, sí ¡imitaba a todo el mundo! A los profesores del colegio, a Raphael, a Miguel Bosé... Ya no imito, perdí la habilidad.
-¿Y ya ha asumido que es el número uno o sigue empeñado en encontrarse defectos?
-Puedo ser número uno debido a las circunstancias del panorama de la ópera, pero yo no estoy completamente satisfecho con lo que hago. Trabajo por mejorar.
-¿Piensa retirarse pronto?
-La carrera de un tenor es larga. La voz cambia, pero la buena técnica hace que puedas seguir cantando, ajustando el repertorio. Hay que cantar con los intereses, no con el capital. Hay quien canta con el capital y en unos años...
-... pierde la inversión. Y con su porte de galán, ¿no se atrevería con un buen culebrón?
-Me han ofrecido cosas, pero el tiempo... Yo ya tengo conciertos programados para 2015.
-¿Cómo se relaja un divo?
-Ayer me relajé mucho: fui a un buen restaurante, jugué al tenis, vi el partido del Barça... un día ideal. También me gusta cocinar.
-Y es devoto de Ferran Adrià. Entre su 'ostra con emulsión de jamón y su perla' y el ají de gallina, ¿a qué le hincaría antes el diente?
-Son dos cosas diferentes. Por ser peruano, al ají de gallina, pero depende... Adrià es sorprendente. Quisiera volver este año a su restaurante, el pasado no pude.
-A un grande de la lírica, ¿se le puede escapar un gallo?
-En estos años me habrán salido dos o tres. Hay voces más propensas al gallo que la mía.
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