Toda la emoción que omitió el revelador 83-105 sobró en los otros puntos calientes de este cierre de la fase regular. Mientras el Baskonia se divertía con el débil Estudiantes entre sus manos, en Las Palmas, Manresa, Fuenlabrada y Barcelona el pase al octavo lugar iba cambiando de manos. Al final, el cruce de resultados, curiosamente perdieron todos los implicados, salpicará de morbo la eliminatoria de cuartos. El derbi vasco está servido. El vigente campeón liguero deberá despachar al vecino iurbentia para opositar a su tercera corona en el campeonato de la ACB. ¡Guau!
¿Alguien da más en una primera ronda por el título? La verdad, parece difícil. De aquí a la matinal del domingo 17 -a falta del membrete oficial mañana, esa será la fecha de arranque-, Vitoria y Bilbao volverán a bullir. Puyas aseguradas, piques resucitados y apuestas a tutiplén. ¿En una palabra? Rivalidad.
Es lo que ha deparado esta interminable Liga regular gobernada por el aventurero alavés con mano absolutista. Con la victoria de ayer, por ejemplo, iguala su mejor marca en este tramo iniciado en octubre. Y lo que en el TAU Cerámica ha sido brillo y fulgor, cambia a emoción extrema en el bando vizcaíno, clasificado en el último suspiro. Por cierto, el encuentro en Bilbao se escenificará en el descomunal BEC seguramente el martes 19. Si fuera necesario un todo o nada, entonces el Buesa Arena tendría la llave.
La alegría de Mickeal
La noticia les llegó a los jugadores azulgranas al abandonar el vestuario del futurista Telefónica Arena. Alguno sonrió con malicia. Otros fruncieron el ceño. El más efusivo, el máximo anotador de la tarde, Mickeal. Al alero se le escapó un sonoro «Ohh yeah, great!», que viene a significar el 'genial' del castellano.
Antes de esa notificación, que era lo que realmente importaba de la jornada, el bloque de Ivanovic hizo lo que debía; aguar la fiesta al Estudiantes. Y eso que los chicos del uniforme azulgrana arrancaron de lo más remolones. Como el local también ofreció idéntico pecado, la cosa no pasó a mayores. Ese pacto de no agresión, jugado a un ritmo más cercano a la pachanga que a un choque oficial de la autodefinida como segunda mejor competición del mundo, quedó segado en el segundo cuarto.
En ese punto de la película, con Vidal viviendo un apasionado idilio con el triple y Mickeal rompiendo la cintura a todo quien se le puso por delante, el visitante empezó a paladear una nueva comilona. Los sucesivos tiempos muertos solicitados por Casimiro, el preparador local; sus frenéticas rotaciones; o la llamada a filas de los menos habituales en el TAU, ya no afectarían al desarrollo del pulso. Tocaba paliza.
A otros puntos
En esa fase de agitamiento extremo, el TAU le endosó a su rival la friolera de 38 puntos. Al descanso, la incertidumbre había volado a otros puntos de la geografía nacional como el Fernando Martín de Fuenlabrada, el Nou Congost en Manresa o el Palau Blaugrana de la Ciudad Condal. Ivanovic se decidió por dar minutos a Lucas -gran tiro, pero aún perdido a la hora de dirigir o marcar jugada-, probó con San Emeterio de falso pívot debido a la escasez de su banquillo, se desesperó con McDonald y hasta dio la mayor ración de minutos oficial de la temporada a Ari Eslava, autor del punto cien.
Los habituales pudieron descansar y el Baskonia, entre los irónicos olés de la 'Demencia' a los escasos aciertos de los suyos, se marchó corriendo al vestuario en busca de una radio o de un confidente. Las noticias brotaron rápido. El histórico descalabro del CAI Zaragoza. La vergüenza torera del Pamesa. Y la caída conjunta de los tres aspirantes al octavo lugar. El morbo está servido.