Dos billetes de diez y de cinco pesetas de 1936, cuyo valor en el mercado puede superar los 3.500 euros, aún se pueden comprar por 1.400 euros. La oportunidad termina hoy, cuando concluya a las dos de la tarde el III Encuentro de Coleccionistas que se celebra desde ayer en el centro comercial Dendaraba.
Sellos, juguetes, billetes, monedas, vitolas de puros o pins, casi cualquier objeto de deseo de los coleccionistas, son mostrados por más de una veintena de expositores de toda España que ofrecen su material para la venta, y en algunos casos, como no, para el intercambio.
La feria -organizada por la asociación alavesa de coleccionistas de pins, Orratz,- se celebra por tercer año consecutivo, y en esta edición estrena un nuevo espacio. «Otros años lo hacíamos en el hotel General Álava, pero se nos quedaba pequeño», explica Félix González, miembro de la organización. Sin embargo, González lamenta que «no exista apoyo institucional, a pesar de que no hay nada parecido en el País Vasco». Y es que el encuentro logra salir adelante gracias la iniciativa de los propios aficionados, «que ni siquiera cuentan con locales propios», aclara el representante de Orratz.
De esta manera, se logra concentrar en Vitoria, además de los participantes locales, a otros venidos desde Madrid, Barcelona, Navarra, Asturias, Vizcaya, Guipúzcoa o Palencia. Los objetos ofrecidos van desde los pequeños pins hasta tebeos, soldaditos de plomo o monedas.
Saber guardar
Curiosidades, como el pin diseñado para los Juegos Olímpicos alternativos de 1936 en Barcelona -y que fue suspendido por el estallido de la Guerra Civil-, comparten sitio con billetes del mundo, sellos postales o tapas de botellas. «Algunos pins de edición limitada de Hard Rock Café pueden alcanzar entre 70 y 90 euros cada uno», reconoce González. Pero el valor de los artículos de colección es infinitamente variable. Un proyector de cine de 1920 puede alcanzar los 160 euros, pero también hay billetes de principios del siglo XX que superan los 9.000 por ejemplar.
Por eso, también es importante almacenar correctamente las especies. Los catalogadores y estuches son otros de los reclamos de los coleccionistas, y aquí se pueden encontrar. «Contamos con estuches y exhibidores desde monedas hasta discos de vinilo y pósters», afirma Carlos de la barcelonesa Filatelia Taber al tiempo que enseña la variedad de su género desde el otro lado del mostrador.
Iniciarse en este mundo es más sencillo de lo que parece. «Empecé con una colección que hacía una revista, y ahora también colecciono pins», comenta Endika, un joven que acude a la feria vitoriana para encontrar más ejemplares para su colección de placas de cava -que van encima de corcho- y hacerse con unos estuches para guardarlas.