El 'hombre fuerte' de Patxi López en el nuevo Gobierno y consejero de Interior es un político a tiempo completo. «No desconecta nunca. Ejerce las veinticuatro horas todos los días del año», reconocen sus compañeros. «Uno de los peores días de su vida fue el que, en pleno viaje por el extranjero, perdió el teléfono móvil. Lejos de casa e incomunicado del partido, lo pasó fatal».
Rodolfo Ares Taboada (Orense, 1954) es la viva imagen del PSE y de su evolución en el último cuarto de siglo. Curtido en las asociaciones locales -se afilió en 1977 y ayudó a fundar la agrupación socialista del barrio bilbaíno de Otxarkoaga, donde también se forjaría Begoña Gil, esposa de Patxi López-, ha pasado por todos los niveles de la 'cosa pública'. De concejal, a candidato a alcalde, diputado foral, teniente de diputado general, parlamentario y, desde hoy, integrante del Gobierno vasco.
Una escalada que, según reconocen tanto sus defensores como sus detractores, se ha basado en una frase: «a nosotros lo que nos hace buenos es trabajar y meterle horas». Y a buena fe que este maestro industrial, con una ajustada formación académica, ha dado muestras de ello. «Está encima de todo, siempre pensando en su trabajo. No descansa ni los festivos. Vive siempre al límite, con mucho estrés. Pero si no existiera, lo tendríamos que inventar», reconoce un cualificado dirigente socialista. Una forma de ser que propició que, en sus primeros años como parlamentario, Carlos Garaikoetxea, por entonces líder de EA en la Cámara le pidiera de buenas maneras que le «dejara en paz» al encontrarse ambos en un pasillo. «¡No se puede estar permanentemente en tensión política!», dicen que le espetó el ex lehendakari.
«Trabajador nato» a costa de sacrificar tiempo para su mujer, Rosa, y sus dos hijos, Marta y Javier, la capacidad de Rodolfo Ares para «supervisar y controlarlo todo», de ser una especie de 'gran hermano' al que nada se le escapa, le ha granjeado simpatías y enemistades por igual dentro del partido. Quienes le defienden alaban su habilidad para «implicarse al cien por cien»: «es capaz de organizar mítines, colocar las sillas para los invitados, convocar a los periodistas y, si quien tiene que intervenir no aparece, dar él el mitin». Esa 'omnipresencia' y la «cualidad innata» de saberse colocar «para salir siempre en la foto» figuran como argumentos de sus críticos. «No hay nada que se mueva dentro del PSE sin que él lo sepa».
Unos y otros reconocen, no obstante, que, sobre todo, Ares es «un tío listo», que lo «absorbe» todo con «tremenda rapidez», un «animal político», que ha ocupado cargos significativos dentro del partido en las últimas dos décadas. Colaboró con Txiki Benegas, con Ramón Jáuregui, con Nicolás Redondo Terreros y, finalmente, con Patxi López. De hecho ha sido uno de los más estrechos colaboradores de los dos últimos secretarios generales, aunque la manera en que uno y otro conciben la política sea opuesta.
Un Montjuic en Artxanda
Si dentro del PSE goza de respeto, entre sus adversarios el sentimiento es muy similar. Dirigentes de PNV y PP que han trabajado codo con codo con él reconocen que es una persona «de palabra». «Lo que dice Rodolfo va a misa», sintetiza un representante popular. «De otros socialistas puedes esperar un cambio de postura. De Ares, no. Si dice sí, es sí; y si dice no, es no», añade un afiliado nacionalista.
No han faltado, no obstante, los roces con sus rivales. José María Gorordo, entonces alcalde de Bilbao, le cesó dos veces de la cartera de Urbanismo -en los tiempos del pacto PNV-PSE- por anunciar grandes proyectos a sus espaldas. También fue sonada la 'bronca' política cuando, como integrante del Gobierno foral, anunció un macroproyecto para convertir Artxanda, el pulmón verde de Bilbao, en una copia del Montjuic barcelonés, con un estadio olímpico, un jardín botánico, un casino y un parque de atracciones. La iniciativa no prosperó. Quizá por ese afán de transformar la capital vizcaína se le tiene por uno de los principales impulsores de Bilbao Ría 2000, la entidad, participada por el Estado, que ha auspiciado la regeneración en torno al Guggenheim.
Sea como fuere, Ares ha estado en todas las negociaciones de calado que ha abordado el PSE en los últimos años. En las conversaciones de Loyola, entre PSE, PNV y Batasuna, jugó un papel determinante. No sólo fue la voz de los socialistas vascos, sino también del PSOE. Como miembro de la Ejecutiva Federal, mantiene una especial sintonía con José Blanco, vicesecretario general, y con Alfredo Pérez Rubalcaba, ministro de Interior.
Con este último tendrá, precisamente, que coordinar su labor como consejero. Ares llega al cargo con, por desgracia, un buen zurrón de conocimientos. Por primera vez una víctima -amenazada por ETA en diferentes comunicados y del que la banda llegó a tener la llave de su edificio para atentar contra él- dirigirá la lucha antiterrorista.
Poco tiempo le dejarán sus obligaciones para sus gustos personales. Coleccionista de búhos de la suerte, la pesca es su gran afición. Todos los años busca al menos una semana para recorrerse algún río, generalmente en Galicia. Y, en vacaciones, trata de escapar algo más lejos. En Semana Santa, a Túnez y el año pasado se perdió por Estados Unidos. Es su vía de escape. Como el baloncesto. Socio del iurbentia -aunque dicen que tiene ciertas simpatías con el Real Madrid-, quienes han asistido con él a algún partido aseguran que sólo en la grada pierde sus buenos modales. «Es la única vez que le he visto chillar una decisión del árbitro o discutir acaloradamente con otro espectador». Cosas del deporte.