El nuevo consejero de Industria se ha pasado toda su vida profesional entre barcos y asume ahora la conducción de un 'buque' con importantes daños en el casco; una sala de máquinas reluciente, pero en donde se ha reducido mucho la actividad por la escasez de 'combustible'; con una parte de la marinería ya en los muelles consumiendo 'los lunes al sol' y el resto, los que están aún dentro de la nave, en situación de inestabilidad permanente.
Bernabé Unda es un ingeniero naval de 53 años que goza de una impecable trayectoria profesional y que ha dejado decenas de amigos por los despachos de Izar, Navantia o La Naval de Sestao. El astillero en el que forjó buena parte de su carrera y que dirigió hasta el momento de su privatización.
Su fichaje ha sido un bálsamo para los socialistas vascos, que se habían comprometido públicamente a llevar independientes de prestigio al nuevo Ejecutivo y que se han encontrado con enormes dificultades para cumplir este objetivo. Las más importantes, las derivadas del anuncio de ETA que colocaba al nuevo Gabinete en el centro de la diana de sus macabros objetivos. Unda sabe que no ha sido el primero al que le han ofrecido el cargo; pero, según personas cercanas a él, también se siente especialmente satisfecho por haber asumido un reto que le va a permitir «demostrar que tiene un compromiso personal con este país». Aceptar el cargo le permitirá, además, acabar con el 'exilio part-time' al que estaba sometido, desde que se hizo cargo la dirección de Navantia, su último empleo. Unda vivía en Madrid de lunes a viernes y regresaba a su casa en el centro de Bilbao cada fin de semana.
Quienes han coincidido con él o se consideran sus amigos le definen como un «profesional brillante, con madera de líder, trabajador incansable y hombre de palabra. Si se compromete a algo, se dejará la piel hasta conseguirlo o caer derrotado».
La crisis que atravesaba el sector público de la construcción naval, el desaparecido Grupo Izar, le llevó a movilizar numerosos resortes para intentar buscar una salida viable del astillero La Naval, del que él era director y que -aseguraba entonces- podía tener futuro mediante la especialización en la construcción de buques gaseros y otros de alta tecnología. No dudó entonces en recurrir a la mediación del PNV para buscar un grupo de empresarios vascos, relacionados todos ellos con el sector, que apoyasen su idea. Aquella iniciativa no salió del todo bien, pero sí sembró el germen que un tiempo después permitiría la privatización del astillero. Algunos de aquellos empresarios a los que Unda animó a comprar La Naval son hoy accionistas del astillero.
Tiene buenos amigos en los sindicatos CC OO y UGT, donde le consideran un «magnífico negociador y un hombre flexible», pero también es cierto que ELA le puso la proa en el astillero vizcaíno.
Ayer, en un encuentro que mantuvo con los altos cargos de Industria que han servido en el Gobierno de Ibarretxe, se deshizo en elogios hacia su trabajo. Incluso, les reconoció que su trabajo ha sido «una referencia fuera del País Vasco.».