Margarita Gayo es la reina indiscutible de la tele. Con 61 años está delgada, tiene un tipazo increíble y parece que todavía no ha cumplido los 50. La vida le sonríe. Una mañana de pronto llega a su casa una carta de la revista 'TP'. Dice que quieren darle el premio a toda una carrera. ¡Le están llamando vieja!
Es el argumento central de 'Que sea la última vez que me llamas reina de la tele', la primera novela del conocido periodista del corazón Màxim Huerta, que trata de una forma divertidísima la insatisfacción de una mujer que lo tiene todo. «En realidad es una víctima de sí misma porque está obligada a estar eternamente joven y estupenda, y eso es una condena que le impide ser feliz. Cuando por fin consigue liberarse de eso es cuando comienza a mejorar su vida. Ese es el problema de las divas, que envejecen mal», indica su creador, que ayer visitó Bilbao para presentar su obra.
La trayectoria televisiva del presentador valenciano le ha servido para conocer a todo tipo de gente. Asegura que «este entrañable personaje es parte de cada maquilladora, peluquera, presentadora y realizadora que he conocido». «Suelen preguntarme a ver si me he inspirado en Ana Rosa o en María Teresa Campos. La Gayo, como yo la llamo, tiene un poco de las dos, pero también tiene cosas de mí. Algunos amigos me dicen que cuando piensan en ella me encuentran a mí con tacones». Se ríe.
Huerta no se siente incómodo cuando la gente le reconoce por la calle. Es parte de la profesión. «Los profesionales que son desagradables con la gente que se acerca a saludarles son unos... desconsiderados. A mí me gusta que la gente me vea y me reconozca. Es como si tienes una frutería y la gente hace cola en tu tienda. Es de agradecer». Lo de las divas del famoseo es distinto. «La tele no convierte a nadie en gilipollas. Sólo alumbra a los que ya lo eran».
Dice que ha visto muchos tranquilizantes en esta profesión. «La ansiedad, los nervios, el miedo a perder y la necesidad de audiencia pueden llegar a volver loco a cualquiera». «La tele es una mujer que tiene 50 años y quiere aparentar quince. Y eso es muy duro». No obstante, reconoce que entrar cada día en los hogares de los españoles también tiene muchas ventajas. «En ocasiones me han dado mejor mesa para cenar y me han colado en 'business' sin tener billete. He de reconocerlo».
Una de las mayores ilusiones de este profesional, que tuvo que echarle «mucho valor» para pasar de los informativos al mundo rosa, sería conseguir un 'TP de Oro'. Su abuela coleccionaba esta revista «y ahí empecé a apasionarme por este mundo que ahora es mi vida».
¿Y en el futuro? ¿Seguirá con Ana Rosa? «Varios compañeros han volado a otros programas. Considero que en estos momentos yo vuelo con una de las mejores compañías y tendré que estar muy seguro para cambiar. Ahora, estoy pensando en la que será mi siguiente novela, cuyo contrato firmé el miércoles; así que no me planteo un cambio. Por lo menos de momento». Ya se verá.