Francesc Torres es un artista comprometido con la sociedad y el mundo que le han tocado en suerte. La trayectoria de este catalán, nacido en 1948, así lo avala a través de sus numerosas instalaciones, dibujos, fotografías y escritos, con los que busca remover conciencias y llamar a la reflexión. La política, la cultura, la memoria y el poder han sido a menudo el centro de su diana artística y una vez más vuelven a estar presentes en 'Oscura es la habitación donde dormimos'. Una exposición sobre la que el creador charlará esta tarde, a las 19.00 horas en el Artium, donde se inaugurará mañana y permanecerá hasta el 20 de septiembre. En ella reflexiona sobre la violencia a través de fotografías, murales y un reloj de bolsillo hallado en una fosa común de la Guerra civil en Villamayor de los Montes, en Burgos. 46 civiles fueron asesinados por tropas franquistas la noche del 14 de septiembre de 1936.
-¿Qué le atrajo de un episodio tan siniestro de la Historia española?
-Me interesaba encontrar la manera de reducir la distancia entre mis intereses como artista y como ciudadano a cero. El tema de la memoria histórica en este país es una asignatura pendiente importantísima que mucha gente no quiere tocar. Es como no tener historia, negar lo que eres. En lo social ocurre lo mismo y es importante que no se trate de revanchismos, pero que quede claro quiénes son los verdugos y quiénes son las víctimas. Parece que ahora nadie tuviese la culpa de nada, como si todo fuera lo mismo. En la guerra pasaron muchas cosas y había unos que tenían la razón histórica y otros que no. Y eso es lo que parece que no se quiere sacar a la luz.
-¿Es ahí donde entra en juego el arte?
-El mayor problema en estas cuestiones es hacer justicia y no vouyerismo barato o un espectáculo de la tragedia. Pienso que el arte como medio puede ser eficaz, pero debe ser bueno. Si no, el contenido no te va a salvar la obra. Si el Gernika fuera un petardo, no sería lo que es.
-¿Cómo fue la experiencia?
-La preparación fue muy larga. Empecé a pensar en ello hace ocho o nueve años en un momento en que ni se hablaba del tema. Estaba en Cataluña y lo lógico era que lo hiciese allí, pero no hubo manera. Por eso acabé en Burgos. Lo que sospechaba era verdad, que daba igual con qué tipo de color ideológico trataras que el resultado era el mismo, toda la clase política española no quiere tener que bregar con este asunto y punto.
-¿Y durante la excavación, qué sentían los familiares?
-Por su parte, no hay ninguna búsqueda de revanchismo ni de sacar partido económico, lo que quieren es, una vez hallados los restos de su familia, descansar, cerrar página. No falla, en todos los casos recibes la misma contestación.
-Ha prescindido del color. ¿Para lograr un mayor impacto?
-Me daba mucho miedo el que quedase bonito. Una cosa es que una imagen tenga impacto y sea buena y otra cosa es que sea bonita. Y el color muchas veces te fastidia en ese sentido. Además es el resultado de un hecho histórico que se fotografió en blanco y negro y así lo hice.
-¿Busca dar un puñetazo a la conciencia de la gente?
-Bueno, es cierto que tengo tendencia a la terapia de choque.
-¿Y el público responde?
-Hay de todo, pero me salgo con la mía bastantes veces.
Arte sin contenido
-Esta muestra comparte espacio con otra instalación suya, 'Memorial', sobre la Guerra del Golfo. ¿Se complementan?
-Con ambas se explica muy bien de dónde vengo y adónde voy. 'Memorial' tiene un contenido muy claro, crítico y analítico de una guerra, las condiciones que existieron alrededor de ella, cómo se percibió y la responsabilidad ciudadana de que cosas así puedan pasar, pero que es muy arte. La de Burgos es otra historia y voy para allá.
-¿Se refiere a su próximo proyecto?
-Sí, en cierta manera se parece bastante al de Burgos, estoy trabajando con todo el sedimento físico del 11-S y lo acabo de terminar. Lo he fotografiado y va a haber un libro y seguramente una exposición pero no sé en qué formato. Es un material que de la noche a la mañana se convirtió en algo casi sagrado, pero que está muy contaminado políticamente. Una cosa que tenía que hacerse era limpiarlo de la basura que se le había echado encima, porque Bush lo utilizó para empezar una guerra que no tenía nada que ver con el terrorismo. Busco recuperar el momento en que todo el mundo se sintió solidario con Nueva York.