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EDITORIAL

07.05.09 -

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E l artefacto que ETA hizo estallar ayer contra un repetidor situado en la localidad cántabra de Guriezo confirma la amenaza lanzada por la banda terrorista ante la formación de un Gobierno no nacionalista al frente de la autonomía vasca. El hecho de que el objetivo elegido se sitúe fuera de Euskadi refleja además que los etarras pretenden seguir proyectando su violencia contra el resto de España para así amplificar la trascendencia de sus atentados. Es probable que los activistas del terror traten de hacer realidad sus palabras incrementando la cadencia de sus atentados tras la designación de Patxi López como lehendakari. Pero que lo consigan depende en buena medida del acierto con el que las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado -Guardia Civil, Policía y Ertzaintza- prevengan la comisión de delitos terroristas, empleándose a fondo en la protección de personas y bienes y perseverando en la detección de los movimientos etarras. El Estado de Derecho, la condena social y la cooperación internacional han logrado debilitar a la banda terrorista hasta el punto de que resulta increíble que todavía subsista. Pero es evidente que la trama etarra entraña una amenaza cierta e inquietante contra aquellos ciudadanos que ha situado en su punto de mira. Un riesgo que las instituciones competentes deben afrontar y no eludir.
La experiencia enseña que ETA se desmorona cuando las fuerzas democráticas y los instrumentos del Estado constitucional se muestran implacables contra la ignominia terrorista. Como demuestra que ETA es capaz de extraer el oxígeno que necesita para sobrevivir de cualquier desliz, incoherencia, concesión verbal o disputa interna que se produzca en el campo democrático. De ahí que resulte obligado exigir a los gobernantes el cuidado más exquisito a la hora de pronunciarse sobre el anhelado final de la violencia. Las palabras del lehendakari López, mostrando su disposición a 'arriesgar' con tal de acabar con el terrorismo etarra, resultaron ayer tan ambiguas como cercanas al discurso empleado con anterioridad para aproximarse peligrosamente al diálogo con ETA. Es seguro que Patxi López no pretende repetir los errores cometidos en el pasado por efecto de la ingenuidad, la soberbia o el interés inmediato, y así lo dejó explícito en su discurso ante la Cámara vasca. Por eso mismo sería deseable que cuidara los términos en los que se expresa, para no dejar ni el mínimo resquicio a interpretaciones malintencionadas. Su Gobierno fue puesto en el punto de mira de ETA antes siquiera de su investidura, por la firmeza de sus planteamientos. El acto de hoy, en Gernika, es sin duda la mejor respuesta democrática ante el terror: la normalidad institucional y el compromiso por la paz.
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