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Fue la otra cara de la moneda. Del júbilo y la felicidad del Barcelona al marcar el gol y alcanzar la final, a la desolación de un Chelsea que durante muchos minutos se vio listo para la revancha del pasado año, cuando cayó a penaltis frente al Manchester United. El hecho de despertar de su sueño de golpe, en el descuento, llevó a los británicos a perder los papeles al término del partido. Cuando el colegiado pitó el final, los jugadores del club inglés le rodearon y le reclamaron dos penaltis por manos azulgranas, en especial uno que, según ellos, se había producido en la última jugada.
La imagen del descontrol y la desesperación absoluta la protagonizaron primero Ballack y después Drogba. El alemán persiguió al colegiado por el campo reclamándole el penalti, mientras que al término del partido, fue el marfileño el que siguió al colegiado hasta la boca de vestuarios. Entonces se giró y expresó su sentencia a las cámaras: «Ha sido una jodida vergüenza».
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