El ser humano es capaz de las mayores grandezas, pero también de las actuaciones más irracionales y bestiales. Con esta premisa en mente la compañía catalana Los Corderos ha ideado su cuarto trabajo, 'Tocamos a dos balas por cabeza', que esta tarde, a las 20.30 horas, representan en el teatro Jesús Ibáñez de Matauco del centro cívico Hegoalde. Un llamativo título para una obra donde el espectador se adentra en un viaje quimérico y utópico por los entresijos de la cultura popular, la religión, las leyendas, mitos y supersticiones. El argumento tampoco se queda atrás en originalidad y prefiere expresarse a través de la acción y el movimiento, en lugar de la narración. Esto es el teatro físico en estado puro.
A través de esta modalidad teatral, los intérpretes David Climent, Pablo Molinero y Nacho Vera recrean una civilización futura con valores y convicciones diferentes a los actuales que, a pesar de estar inspirados en ellos, aspiran a una existencia que hoy día se relacionaría con la locura. Todo un giro argumental si se echa la vista atrás y se observan los anteriores trabajos de esta compañía surgida en 2003. «Antes siempre habíamos indagado sobre el individuo y sus conflictos internos, y ahora nos abrimos a la comunidad, centrándonos en unas características ancestrales», introdujo Climent, uno de los creadores. «Mostramos una pequeña comunidad en declive cuando llega un día de celebración. Y cómo ese momento importante para ellos cuando eran una masa, ahora que son cuatro personas se llena de patetismo y se convierte en una especie de manicomio absurdo», añadió.
«Es un reflejo deformado de nuestra sociedad», apuntó Molinero, que descartó hablar de un género concreto. «No es narrativo, dejamos cabos sueltos para que el público se enganche cuando quiera. Algunos sólo ven comicidad y otros, la historia dramática del asunto. Hemos tenido funciones con gente riendo y llorando en la misma sala y esa lectura diferente de las situaciones es lo que nos interesa y buscamos», recalcó Climent.
Una locura real
Nada es casual, ni siquiera la elección del nombre de la obra. «Lo sacamos de un titular de prensa, donde a veces muchas cosas parecen locura pero son la verdad. Nos pareció una buena síntesis para definir la paradoja de la sociedad, que por intentar defendernos tengamos más armas de la gente que somos», justificó Molinero.
El actor recordó cómo «las personas no llegamos a plantearnos factores absurdos que nuestra religión puede encerrar pero vemos los de los otros. Aunque como en la representación no los relacionamos con algo concreto, el público lo ve con más relax».