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La mayoría de la población hebrea apuesta por la destrucción de las plantas nucleares persas incluso sin contar con el apoyo de EE UU

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Los israelíes quieren atacar a Irán
Iraníes queman una bandera de Israel durante una protesta contra el Estado judío en Teherán, en 2008. / AP
La mayoría de los judíos de Israel -un 66%- apoya una operación militar dirigida a destruir las instalaciones nucleares de Irán y de ellos, tres de cada cuatro, estarían de acuerdo con el ataque incluso si Estados Unidos se opusiera. Son datos revelados por una encuesta realizada por la Liga Antidifamación (ADL) que se daban a conocer ayer, a falta de poco más de dos semanas para que el primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu, se reúna por primera vez con Barack Obama en la Casa Blanca, en un encuentro que se prevé trascendental para determinar las relaciones entre las dos nuevas administraciones.
Será en esta cita en la que se espera que el líder del Likud presente a Obama la «nueva política exterior judía», que desde su toma de posesión el pasado 31 de marzo lleva diseñando junto con su canciller, Avigdor Lieberman, con el argumento de que la fórmula de «paz por territorios» y la promesa de un Estado palestino impiden abordar lo que consideran las verdaderas cuestiones de fondo: las crecientes ambiciones hegemónicas de Irán y su «amenaza existencial» al Estado hebreo.
Pero desde Washington el acercamiento prudente a Teherán está en marcha y la decidida apuesta del presidente norteamericano por la solución de dos estados -con la que Netanyahu rehúye comprometerse- más que repetida. En declaraciones a 'The New York Times', altos funcionarios anónimos de la Administración norteamericana advertían esta semana contra los deseos de Tel Aviv de poner a Irán como la prioridad absoluta de Oriente Próximo. «Obama ve la región como un todo, y tratar de aislar cada problema no refleja la realidad. Será más fácil establecer una coalición para tratar con Irán si el proceso de paz (con los palestinos) avanza», han dicho.
Hay una creciente preocupación en Israel por el deterioro de las relaciones con la Casa Blanca. El sondeo de la ADL revela que el 60% de los encuestados -una muestra representativa de 610 ciudadanos mayores de 18 años- ha reconocido que tenía una «positiva» o «muy positiva» actitud hacia Obama, pero sólo el 38% entiende que las posturas del presidente demócrata hacia Israel son «amistosas». Con George W. Bush, en 2007, esa apreciación de cordialidad en el trato hacia el Estado judío se elevaba hasta el 73%.
Ensayos militares
La sombra de la tensión está presente. Así, y mientras Israel ensaya operativos militares de ataque con la mirada puesta en Irán, su presidente, Simon Peres -que hoy se reúne con Obama- rebajaba ayer en Washington el tono de las advertencias directas a Irán y optaba por lanzar mensajes más masticables para la órbita norteamericana. «Hemos respetado al pueblo iraní y su tradición», señaló ante el congreso anual del mayor lobby judío en Estados Unidos, la Aipac. «Históricamente Irán buscaba enriquecer a la humanidad y ahora sus dirigentes enriquecen uranio. Su agresividad no se limita a Israel, busca una hegemonía y quiere controlar los estados árabes mediante el terror (...) Sus agentes apuntan a americanos, europeos y árabes por igual», añadió.
El énfasis de Peres tratando en Washington de atraer a los países árabes moderados a esa «lucha común» junto con EE UU, Europa e Israel contra un Teherán nuclear no es fortuito. Tel Aviv sabe que Egipto, Arabia Saudí y los socios del golfo Pérsico son aliados que Obama no va a descuidar, y hacia los dos primeros de esos estados partía la pasada semana su secretario de Estado de Defensa, Robert Gates, para tranquilizarles respecto al acercamiento diplomático a Teherán. «No se hará a expensas de nuestras relaciones con Arabia Saudí ni otros que han sido nuestros amigos durante décadas», señaló Gates. «Todos en el Gobierno, del presidente para abajo, son bastante realistas. y tal vez encontremos un puño cerrado».
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