Ya no luce trenzas pelirrojas, ni medias de colores. Aquella niña de 10 años que dio vida en una serie de televisión a Pippi Langstrump -más conocida en España como Calzaslargas- se ha hecho mayor. Inger Nilsson (Kisa, 1959) entró ayer en la cincuentena sin que casi nadie sea capaz ya de reconocerla por la calle, a no ser que repare en su familiar y pícara sonrisa y en el resplandor de sus pecas. Su vida no ha sido precisamente un camino de rosas. Perseguida durante años por el fantasma del archiconocido personaje, a la actriz sueca le ha costado abrirse un hueco en el mundo de la interpretación. Es el precio de una fama precoz.
Nilsson intentó siempre convencer a productores y directores de que podía realizar un papel distinto al de la idolatrada niña rebelde. Y no logró su propósito. Flaco favor le hizo su identificación con Pippi, porque desde su adolescencia apenas se ha prodigado en la pequeña pantalla o en la grande. Durante años, se vio obligada a compaginar su vocación con un trabajo como secretaria en un hospital: «En una ocasión me dijeron: 'Usted es la estrella de nuestra niñez y debe seguir siéndolo'».
Huérfana de madre y con un padre «pirata» en paradero desconocido, Pippi era la niña más fuerte del mundo. Salía adelante de las aventuras más disparatadas con la única ayuda de su caballo Pequeño Tío, un mono bautizado como Señor Nilson y sus amigos Tommy y Annika. Tal vez contagiada por aquel espíritu luchador plasmado en un exitoso cuento por su compatriota Astrid Lindgren, la actriz nunca dejó del todo la interpretación y llegó incluso a probar suerte en el mundo de la música al grabar en 1978 un disco que pasó desapercibido.
Su tenacidad pareció dar sus frutos casi cuatro décadas después de haberse abierto camino en la televisión, a raíz de su aterrizaje en 2006 en una conocida serie alemana: 'El comisario y el mar', una adaptación de los libros de Mari Jungdedt. Teñida de rubia y sin esa delgadez característica que en el pasado la hizo inconfundible, la actriz se deja caer cada semana por el canal ZDF, esta vez metida en la piel de una intrépida forense de nombre Ewa.
La grabación de nuevos capítulos de la serie y una producción teatral con la que recorrerá Suecia el próxima verano han dado ahora un nuevo impulso a la carrera de Inger Nilsson, tanto que ha decidido abandonar de forma temporal su trabajo fijo de secretaria para volcarse en su estelar retorno como actriz. Medio siglo de vida bien vale una segunda juventud... Al menos, en lo profesional.
«Ahora, muchos no hacen esa asociación con Pippi y me parece perfecto. Cuando luego descubren quién soy, me piden perdón, aunque me encanta que no me reconozcan», confesó recientemente. No se avergüenza de su pasado, pero prefiere que le conozcan por el presente.