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Efrén logra su mejor puesto mundialista en el 20 aniversario de la victoria de Torrontegui en Jerez
04.05.09 -

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El día de la ikurriña
El encargado de almacén de K-2000 vociferaba más de lo habitual. «¿Quién ha dejado esta bici aquí? Como se caiga alguien, va a la basura». El inolvidable Antonio Flores la había dejado allí tras 'alucinar' con el tamaño del artilugio después de saber de qué se trataba. Esperaba para participar en una grabación de 'Detrás del sirimiri' mientras Herri Torrontegui era el inquilino del plató de al lado donde se realizaba 'Sport Auto' para ETB. Aquello no era otra cosa que la Krauser de 80cc. con la que el gorliztarra vivió el mejor día de su trayectoria deportiva. En su manillar reposaba la corona de laurel propia de los elegidos. Dentro albergaba un corazón de 29 caballos, suficientes para mover una 'batidora' que no superaba los 55 kilos, peso que no alcanzaba el piloto vizcaíno.
Acababa de llegar, vía carretera, de Jerez, donde el 30 de abril de 1989 demostró a los incrédulos que su pasión motera no estaba exenta de calidad. Aquel mismo día estuvo a punto de declararse una guerra civil mediática. La cercanía de Sevilla, donde el Athletic de Kendall perdía aquella tarde frente al Betis, dio pie a listezas. Hubo quien conectó en 'riguroso directo' desde la habitación de su hotel hispalense, como si estuviera in situ en el 'paddock' gaditano, para marcarse el tanto. Saltaron chispas. Las mismas que en la recepción brindada en el Ayuntamiento bilbaíno al héroe de aquella primavera. Todo el mundo se atribuía su 'paternidad', pero muy pocos le habían tomado hasta entonces realmente en serio.
Sacrilegio
Jerez. Fue el día de la ikurriña. Aquel paseo triunfal de un emocionado Torrontegui dio pie al nacimiento de una creencia popular que con el tiempo se reforzó curso a curso. Veinte años atrás, el vizcaíno nadaba en aguas turbulentas. Se las movían los medios nacionales, que consideraban un sacrilegio que un rubiales vasco eclipsara parcialmente el estrellato de los 'Aspar', Herreros, Crivillé y compañía. Con todos ellos se llevó bien el gorliztarra y el sentimiento fue recíproco. No así en las informaciones recibidas, cuando era necesario llamar a algunas agencias de información para pedir unas líneas más sobre Herri, desaparecidas en favor de otros pilotos españoles aunque el gorliztarra hubiera sido el mejor clasificado entre ellos y, en alguna ocasión, el único que había concluido la carrera.
Oettl y Doerflinger eran los pilotos oficiales de Krauser, pero fue Torrontegui el que rozó el Mundial. Le descalificaron en Rijeka por sustituir la batería de su moto tras quedarse varado a tres vueltas del final. Aquello hizo que su postrero triunfo en Brno no le sirviera para evitar la entronización de 'Champi' Herreros. Le bautizaron como el campeón moral. Triste consuelo.
Ayer, dos décadas después, su discípulo le emuló. No ganó Efrén Vázquez, pero le dedico al 'maestro' una actuación soberbia. Remontada desde la cuarta fila de la parrilla hasta la quinta plaza final. Es su mejor resultado, la primera aparición del bilbaíno en un 'Top-5' mundialista, tras las ocho carreras en las que entró en los puntos en 2008. Se libró de la montonera en la vuelta final y se marcó el largo de ser el mejor clasificado entre las Derbi, para desconsuelo de Pol Espargaró, que ejerce de 'prota' en la película. En el mismo circuito que le vio ganar en 1989, Herri Torrontegui volvió ayer a sentir el sabor de aquellas lágrimas de felicidad que compartió con Félix, su padre.
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