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POLÍTICA

El Ejecutivo entrante debe afrontar un frenazo sin precedentes en la industria, que amenaza la superviviencia de muchas empresas, y un paro que comienza a dispararse

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«No saben lo que les espera aquí», asegura un responsable del Gobierno vasco en funciones al aludir a la economía en caída libre que heredará Patxi López cuando sea investido lehendakari el próximo martes. Una economía en plena recesión -la confirmación oficial se producirá en unos días-, a pesar de que el actual Ejecutivo se había empeñado en descartar ese escenario; con un paro desbocado y una industria que estaba llamada a ser el escudo protector de Euskadi ante la crisis, pero que se ha visto sacudida de forma virulenta por ella hasta el extremo de que la supervivencia de numerosas empresas comienza a ser seriamente cuestionada.
Las compañías vascas habían hecho sus deberes en la época de bonanza; se habían internacionalizado, caminado hacia productos de mayor valor añadido y apuntalado su fortaleza. Ello, en teoría, iba a permitirles superar sin graves daños la desaceleración que es palpable desde mediados del pasado año. Sin embargo, el brusco frenazo de la actividad -muy superior al previsto por los expertos más pesimistas- ha desvanecido ese escenario, que manejaba la mayoría de los analistas hasta hace unos meses.
El nuevo Gobierno del PSE se enfrentará no sólo a la necesidad de afrontar los efectos de la recesión, sino que tendrá que lidiar con una travesía del desierto de duración indeterminada y, lo más preocupante, con un acelerado deterioro del mercado laboral que puede derivar en conflictos sociales tras la avalancha de expedientes de regulación (EREs) presentados desde el otoño.
La fotografía económica de la Euskadi que asumirá Patxi López se parece muy poco a la que existía a mediados de 2008, antes de que la crisis se manifestara con toda su crudeza. En ese momento, la economía aún crecía y ahora cae de forma aparentemente incontrolada. La tasa de paro se ha duplicado: apenas superaba el 5% a finales de junio y se ha disparado hasta el 10,3% al cierre de marzo. Son ya 121.000 ciudadanos vascos los que están apuntados en las oficinas del Inem. La cobertura de los subsidios apenas alcanza a algo más de la mitad de este colectivo.
La actividad, paralizada
Las estimaciones para el próximo semestre apuntan, además, una destrucción de empleo muy acusada como consecuencia directa de una drástica desaceleración de la industria, que entró en coma a finales del pasado ejercicio y que todavía no muestra signos de recuperación. El último dato de actividad industrial oficial, correspondiente a febrero, es un fiel reflejo de la gravedad de la crisis. El Indice de Producción Industrial reflejó una caída del 21,8% en comparación con el mismo periodo de 2008.
En los próximos días, apenas formulado el juramento ante el árbol de Gernika, el nuevo lehendakari y su equipo deberán afrontar el primer trago amargo de la legislatura: el Instituto Vasco de Estadística (Eustat) -entonces ya a sus órdenes- anunciará de forma oficial que Euskadi entró en recesión en el primer trimestre del año. Su economía ya se contrajo un 1,1% entre octubre y diciembre por el desplome de la industria, la inversión y el gasto de las familias. El empeño de la vicelehendakari Idoia Zenarruzabeitia en descartar reiteradamente ese escenario no ha servido para doblegar la cruda realidad, que amenaza con empeorar a corto plazo: Euskadi, que notó la crisis más tarde que el conjunto de España por su menor dependencia del ladrillo, aún está lejos de tocar fondo.
No será el único disgusto del arranque de la legislatura, ya que el 21 de mayo el nuevo Gabinete se enfrentará al recibimiento preparado por los sindicatos nacionalistas ELA y LAB. Una huelga general contra las «políticas sociales y económicas de la Administración y en defensa del empleo», que ha sido interpretada en clave política: una advertencia al nuevo inquilino de Ajuria Enea de que les tendrá enfrente.
Resistencia «mermada»
Desde principios de año han sido aprobados medio millar de EREs, la mayor parte de ellos de carácter temporal. Ése ha sido, con la cancelación de contratos temporales, el mecanismo de defensa más utilizado por los empresarios para hacer frente al descuadre de la principal ecuación que rige los destinos de cualquier compañía: un drástico recorte en los ingresos, como el que se ha producido en los seis últimos meses, es insuperable sin un ajuste de los gastos.
La patronal no oculta su preocupación por el «importante deterioro que están sufriendo las empresas» como consecuencia de una situación que «se prolonga más de lo previsto», según admite José Guillermo Zubía, secretario general de Confebask. «La capacidad de resistencia de las compañías ha quedado muy erosionada», reconoce.
El director del Servicio de Estudios de Caja Laboral, Joseba Madariaga, no tiene duda alguna de que «Euskadi está ya en plena recesión» y admite que no ha vivido una «situación similar de parón en la industria». «Los balances de las empresas estaban muy saneados al iniciarse la crisis, pero los efectos van a ser demoledores», advierte.
El margen de maniobra del nuevo Ejecutivo será estrecho ante una crisis de ámbito internacional cuyo desencadenante -la desmesura del sector financiero- ha dejado secuelas que aún no han sido reparadas. Quizá por ello las medidas que pueda adoptar el Gobierno del PSE serán necesariamente humildes y de efectos muy limitados. En términos sanitarios, el tratamiento no podrá ser de cura, sino tan sólo paliativo.
El secretario general de CC OO de Euskadi, Unai Sordo, cree que el Gabinete de López tiene dos retos en esta coyuntura: «Mejorar la protección de las personas que quedan fuera del mercado laboral para evitar que entren en una situación de exclusión social y preparar medidas de reactivación». Advierte, sin embargo, de la existencia de un marcado «oportunismo empresarial» que, a su juicio, ha decidido aprovechar el clima generalizado de crisis internacional para avanzar en algunas de sus viejas reclamaciones. Es el caso del «intento de abaratar el despido o de recortar sus aportaciones a la Seguridad Social».
Caen los ingresos fiscales
Madariaga, que cree prioritaria «una actuación coordinada de todos los gobiernos de Europa», va más lejos. Así, apunta que los retos del Ejecutivo no serán sólo coyunturales, sino también estructurales, y que deberá planificar el aumento del gasto social -sanidad, dependencia, etc.- que va a generar el envejecimiento de la generación del 'baby boom'. «Los políticos lo tienen difícil en este terreno -advierte- porque obligará a adoptar medidas antipáticas».
Una de las consecuencias de la crisis, el recorte de los ingresos de la Administración por la vía de la recaudación de impuestos, supone un problema adicional para el futuro Gobierno. Entre enero y marzo, los ingresos de las haciendas forales han caído un 9,3% (266 millones ingresados menos) en comparación con el mismo periodo de 2008. Sin embargo, hay una parte de la herencia que recibe Patxi López que supone un 'balón de oxígeno': la prudente política de gasto desarrollada por Juan José Ibarretxe va a dejar en la caja importantes remanente de tesorería y, sobre todo, un bajísimo nivel de endeudamiento -por debajo del 6% en relación con el PIB-, que permitirá afrontar con relativa tranquilidad los déficits presupuestarios que se van a generar en los próximos ejercicios.
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