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Álava

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Dos vecinos de Armentia extraen el agua de pozos desde hace décadas y se preguntan por qué las tuberías de Amvisa todavía no llegan a sus viviendas
02.05.09 -

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Ni una gota de esperanza
Martín posa junto al riachuelo de donde extrae el agua. / RAFA GUTIÉRREZ
Cuando Martín mira al cielo y ve que las nubes amenazan con lluvia, se le alegra el día. Tener agua en su caserío de Armentia depende de que el río que discurre por la parte trasera de la vivienda no se quede seco y «algún año he tenido que verlo así hasta cinco meses», lamenta apoyado en su muleta. El pequeño arroyo funciona para este hombre, que vive desde que nació en este caserío, como un gran manantial. ¿La razón? Que el servicio municipal que presta Amvisa no llega a sus grifos. La singular historia de Martín, adelantada por Punto Radio, es compartida por la familia Cano, que reside muy cerca y que también debe valerse de su propio pozo para cocinar, asearse, dar de beber a los animales o regar el huerto.
Estos vecinos, los únicos que comparten el problema en Armentia, se sienten «abandonados» al observar que «a 300 metros -en la futura urbanización del sector oeste- tienen la instalación puesta mientras que aquí no llega», indican.
Pilar Revuelta y Diego Cano residen en Armentia junto a sus dos hijos desde hace casi veinte años, cuando se trasladaron con su negocio de caballos a las afueras del pueblo. El magnífico paisaje al que se asoma la vivienda y la tranquilidad que la rodea «no la cambiamos por nada pero también queremos vivir en condiciones», reclama el cabeza de familia. «No estamos pidiendo nada del otro mundo. Sólo queremos que nuestra casa esté también conectada a la red de agua, es un derecho básico», añade su mujer.
«Con humor»
Mientras tanto, el pozo les permite vivir con cierta tranquilidad. Ellos mismos se encargaron de su construcción «con todos los permisos» y se preocupan ahora de los cuidados que requiere para obtener un líquido completamente potable, desde la limpieza del depósito de mil litros hasta el tratamiento con cloro o contra la cal. «El agua nos sale mucho más cara que a cualquier otro ciudadano», advierte Pilar. Alargar las tuberías colocadas en las inmediaciones hasta su casa y la de Martín saldría, al parecer, «por 18.000 euros, según un estudio que hizo Amvisa».
A los afectados, sin embargo, les quedan «pocas esperanzas» de que ese servicio entre pronto en funcionamiento. «No creo que ni yo ni mi hijo de 16 años lleguemos a verlo», confiesa Diego.
Su vecino Martín se muestra también resignado ante el desolador panorama, aunque se lo toma «con humor». «Igual me voy a un hotel de cinco estrellas y me sale más barato», dice mientras juega uno de sus cinco perros. Los animales se han convertido en su gran compañía y para ellos acumula la lluvia, si es abundante, que cae en los canelones de la vivienda. Hay que aprovechar hasta la última gota.
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