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Álava

ÁLAVA

Pese al 'puente' festivo, miles de romeros cumplieron ayer con una tradición de nueve siglos
02.05.09 -

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A la zaga, siempre, de San Prudencio, protagonista estelar de las fiestas patronales de Álava, la Virgen de Estíbaliz ha sido siempre una secundaria de lujo. Pero cada año con más ímpetu la patrona pide paso y reivindica su lugar de honor en ese selecto puñado de fiestas 'coloradas' como lo que es: nuestra romería con más solera.
Hace mil años, se dice pronto, que se reza en el cerro donde los alaveses arreglaban históricamente sus agravios y duelos de honor. Y el silencio, el sosiego y la tranquilidad de aquellos años de oración y recogimiento han dejado huella por allí. La de Estíbaliz es, en efecto, una romería apacible y tranquila, sin lugar para verbenas, músicas machaconas o megafonías estridentes. Pero con muchos otros alicientes: arte, danzas, deporte rural y exhibiciones gastronómicas con la patata como condimento base. Más que suficiente para tentar, ayer, a miles de peregrinos que oportunamente provistos de chubasquero y katiuskas -amenazó lluvia desde buena mañana- quisieron cumplir con su patrona. O con el talo, la sidra, el aurresku y el atracón de tortillas.
A pie, los menos, o en coche -mucho antes del mediodía el parking situado bajo el santuario ya estaba completo- el goteo de romeros arreció cuando el repique de campanas llamó a la misa mayor. Dentro, les esperaban ya diversos representantes del Gobierno foral, con el diputado general, el peneuvista Xabier Agirre, a la cabeza.
El santuario al óleo
Para entonces, Lucía y Hada llevaban ya un buen rato refugiadas bajo el pórtico anexo al santuario. A sus 9 y 11 años, las dos primas fueron las benjaminas del concurso de pintura al aire libre que todos los años congrega a numerosos aficionados y profesionales del óleo, la acuarela o el graffiti en torno al cerro desde el que, dicen, se divisan ochenta pueblos.
Asier Balza fue otro de ellos. Estudiante de Física y graffitero -«todavía estoy tratando de encontrar un vínculo entre una cosa y otra», admitía- instaló su caballete frente a la puerta lateral del santuario sin otro ánimo que el de «quedar satisfecho» con su trabajo. «Y si luego sale un comprador, mejor que mejor».
La sartén, y no el aerosol, empuñó el ejército de cocineros de Boilur que, con su presidente José Antonio Arberas a la cabeza, empleó más de 100 docenas de huevos y otros 100 kilos de patatas para cuajar 200 tortillas en apenas cuatro horas. «Las patatas, eso sí, las han pelado y cortado desinteresadamente en el restaurante Estíbaliz», matizó un agradecido Arberas.
Como pinches quisieron oficiar también el diputado general, Xabier Agirre, y tres de los integrantes de su gabinete: los titulares de Obras Públicas, Luis Zarrabeitia; Asuntos Sociales, Covadonga Solaguren; y Agricultura, Estefanía Beltrán de Heredia. Los cuatro lo intentaron y, aunque ante un enjambre de flashes Solaguren confesó sin pudor que «no cocina», lo cierto es que su tortilla resultó ser la mejor. Al diputado general, en cambio, tan prudente siempre, esta vez se le fue la mano. El 'guiso' le quedó demasiado 'dorado'.
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