Joseba Azkarraga (Salvatierra 1950) se retira de la política activa con la sensación de compromiso cumplido. Veterano político iniciado en el antifranquismo desde las juventudes del PNV en 1968, ha sido diputado y senador por este partido y por EA entre 1979 y 1983, y consejero de Justicia, Empleo y Seguridad Social desde 2001. Todo un testigo excepcional de la transición vasca. «Siempre he dicho lo que he pensado», asegura.
-Tiene 58 años. ¿Y ahora qué?
-Tomaré medio día de vacaciones desde que me cesen hasta que reinicie mi actividad profesional.
-¿Sentirá 'mono' de la política?
-No, yo ya he pasado por esta experiencia. En 1993 la política me abandonó a mí, volví al Grupo Mondragón y estuve ocho años. A los tres días ya me hice a la nueva situación, sin echar de menos para nada la actividad pública ni los focos. Tengo la seguridad de que tampoco va a ser ahora. De hecho, estoy desconectado ya.
-¿Va a conseguir de verdad dejar de leer periódicos?
- Estar informado siempre es bueno pero igual comienzo a leer los periódicos por los deportes.
-¿Con qué sensación se queda?
-Con mucha tranquilidad, sobre todo después de los últimos ocho años que he estado en este gobierno. He tenido la libertad de defender aquellas cosas en las que creía. He terminado una etapa y me siento enormemente agradecido a mi partido. He cometido errores y he tenido aciertos, pero me voy con la conciencia tranquila de haber hecho siempre aquello que creía que era positivo para mi país. Tengo un sabor dulce de haber encontrado en el tripartito sin duda los mejores amigos y amigas que he tenido nunca en la vida política.
-¿Misión cumplida o incumplida?
-Cumplida en cuanto a programa de gobierno, en lo que abarca a todo lo relacionado con las políticas sociales, con el apoyo a los sectores más desfavorecidos. Yo, por ejemplo, destacaría el complemento de pensiones para la gente mayor. También hay cosas que no hemos podido hacer, por ejemplo concluir esta legislatura con la paz y la normalización política. Sigue siendo una asignatura pendiente y deseo, y lo digo con absoluta sinceridad, que el próximo gobierno de Patxi López pueda avanzar democráticamente hacia ese escenario.
-¿Cómo va a recordar al lehendakari Ibarretxe?
-Como un hombre honesto y comprometido con los problemas de su país por encima de sus intereses personales.
«Acto de contrición»
-EA atraviesa una situación delicada tras quedarse con un único parlamentario. ¿Cómo lo ve?
-Previamente a las elecciones se tomaron una serie de decisiones, como la de comparecer en solitario, que era una decisión legítima, aunque es conocida mi opinión contraria. Perder la representación en el Parlamento, pasando a tener un único diputado, nos coloca en una situación muy difícil, pero sigo creyendo que EA tiene margen y carril suficiente como para tener un electorado propio y recuperar aquel voto útil nacionalista hacia Ibarretxe. Hay margen para avanzar y sobre todo es necesaria una reflexión en profundidad. No se puede echar la responsabilidad del fracaso electoral a terceros, o a los otros, dentro del propio partido. Debemos hacer un acto de contrición en el que pongamos sobre la mesa las carencias y los errores de EA, y lo hagamos con absoluta tranquilidad. Confío en que los hombres y mujeres de EA lo sabrán hacer.
-¿Cuál es la principal carencia?
-Si estamos dispuestos o no a recuperar el espíritu originario de este partido, las razones por las cuales nació en la vida política en 1986, y si somos capaces de actuar en política sin complejos hacia el PNV y hacia la denominada izquierda abertzale. Mientras no tengamos en cuenta que nosotros tenemos un campo propio, y que podemos pactar con unos y con otros sólo cuando manifiesten claramente su rechazo a la violencia, va a ser muy difícil que encontremos nuestro lugar.
-¿Ha habido demasiados devaneos hacia la izquierda abertzale?
-Ha habido decisiones en el pasado reciente relacionadas con la formación de los ayuntamientos que ha sido difícilmente entendibles, pero no quiero buscar culpables. No sería honesto. La responsabilidad es de todos, también mía.
-¿Qué espera del nuevo Gobierno vasco y de Patxi López?
-Deseo que acierte, no quiero que fracase. Creo que el PSE se ha equivocado al asumir la Lehendakaritza con los votos del PP frente a lo que dijo en la campaña. Está por ver que sea el gobierno de los mejores. No parece que lo vayamos a ver. No quiero decir que no vaya a ver buenos consejeros, pero da la impresión de que van a ser los mejores del aparato territorial. Creo que va a ser un gobierno que nace con poca ilusión, muy condicionado por el PP. Es legítimo democráticamente pero este Parlamento, excluyendo a la izquierda abertzale mediante la Ley de Partidos, no refleja a la mayoría social vasca. Avanzar así hacia la normalización es bien difícil.
«No me arrepiento»
-Sobre la mesa estarán la transferencia de las políticas activas de empleo, y más en una coyuntura de crisis...
-La solución no es la transferencia de las políticas activas de empleo. Este país no está peor en relación con el paro que la media del Estado, con una diferencia de siete puntos en la tasa de desempleo. El problema de esa transferencia está en la forma en la que se transfiere, si se utiliza la fórmula del Concierto para la financiación o si se incumple este sistema, que es lo que nos ha llevado a rechazar esta transferencia.
-¿Se arrepiente de algo?
-No me arrepiento de nada de lo que he hecho, y eso no quiere decir que no me haya equivocado muchas veces. Quizá sí me gustaría trasladar mi agradecimiento a quienes en todo este periplo me han acompañado, en primer lugar mi familia, y a los hombres y mujeres que, con sus críticas también, me han ayudado. Y también pido disculpas por si mi forma de proceder en la política ha podido herir a alguien. Soy como soy. Mi gran problema es que no sé contar hasta diez antes de decir lo que pienso.
-¿Lo que más le ha molestado?
-Determinadas dinámicas en los debates internos de los partidos. No me molesta debatir con los rivales, me ha costado más hacerlo en aquellas organizaciones en las que he militado: PNV y EA.
-¿Por qué se fue usted del PNV?
-Primero por el tipo de modelo de país, en aquel momento había una deriva del PNV difícilmente entendible desde posiciones abertzales y progresistas, y por eso fue una decisión acertada. La escisión fue traumática, dividió a mi propia familia, a cuadrillas. Luego tuvimos la capacidad suficiente para buscar acuerdos unos y otros.
Con Garaikoetxea
-En su libro de memorias da una visión crítica de Anasagasti y Arzalluz...
-Pero fíjese que después de tantas broncas que he tenido con Anasagasti he recuperado mi relación de amistad cordial con él. Y a Arzalluz le reconoceré siempre su inteligencia como político, aunque a veces su actitud me ha confundido y no ha sido respetuosa.
-¿Se ha enfriado su gran empatía personal con Garaikoetxea?
-Sigue existiendo, pero Garaikoetxea está fuera de la vida política como yo voy a estarlo dentro de semana y media. La relación ha sido mucho menor en esta última etapa.
-¿Ha habido muchas filias y fobias en su vida política?
- He querido salvar la relación personal de la discrepancia. Dejo cantidad de amigos de otros partidos. El ámbito de lo personal me importa mucho más que lo político. Ha cambiado mucho la política.
-Usted participó en las conversaciones de Txiberta entre el PNV y ETA en la primavera de 1977. ¿Se equivocó entonces el nacionalismo institucional, que decidió participar en las primeras elecciones generales?
- Creo que se pudo hacer algo más. Desgraciadamente los que fuimos a aquella mesa íbamos ya con la ideas preconcebidas, con la decisión adoptada por parte de las ejecutivas, en este caso, del PNV.
-¿En el túnel de la violencia vislumbra alguna luz?
-El debate entre los presos es un factor importante, pero no es bueno alentarlo desde fuera. Hay que dejar a ETA que se cueza en su propia salsa. El reagrupamiento de presos es clave por razones humanitarias.