El pasado 16 de octubre, el secretario general de SEA-Empresarios Alaveses, Juan Ugarte, lanzaba negros augurios sobre el futuro inmediato de la economía del territorio. El máximo ejecutivo de la patronal alavesa vaticinaba «meses difíciles, con cierres de empresas y expedientes de empleo masivos», y exigía al Gobierno Ibarretxe un mayor «liderazgo» ante la crisis.
Sus palabras provocaron un enfado mayúsculo en el PNV y en las instituciones entonces controladas por los jeltzales, el propio Ejecutivo autónomo y la Diputación de Álava. Desde ambas instancias se le tildó de «tremendista» y se le acusó de generar «alarma social».
Ayer, apenas seis meses después de aquel cruce de reproches, cuando el negro vaticinio de los empresarios se ha evidenciado, desgraciadamente, acertado, el tripartito nacionalista PNV-EA-Aralar que rige los destinos de la Diputación alavesa viró radicalmente de discurso.
«No se vislumbra ningún rayo de luz» en la crisis de la economía alavesa, reconoció sin ambages el titular foral de Hacienda, José Luis Cimiano. Con una rotundidad hasta ahora desconocida, y justo en puertas de que su partido abandone el Gobierno vasco, el diputado foral jeltzale admitió que «en absoluto» se observan signos que apunten hacia una mejoría de la delicada coyuntura actual. Lo hizo acompañado del diputado general, Xabier Agirre, sólo unas horas después de que EL CORREO adelantara que Álava superó el miércoles la barrera de los 9.000 trabajadores afectados por EREs, tras aprobarse el de Tubos Reunidos. Una cifra que ayer mismo se quedaba vieja al aprobarse el ajuste temporal de Tubacez, que sitúa la cifra enl os 10.000 operarios afectados.
«Día a día, la situación se vuelve más complicada», admitió el diputado, para quien los únicos indicadores que «exclusivamente» pueden considerarse «buenos» son los últimos datos del IPC y el euríbor. Palabras que contrastan con las de, por ejemplo, su compañera de partido, la vicelehendakari en funciones Idoia Zenarruzabeitia, quien hace apenas unas semanas afirmaba tajante que Euskadi no entrará en recesión este año. Eso sí, la situación vasca -y alavesa- es aún bastante mejor que la media española.
Pero es que desde entonces la Diputación tiene nuevos datos, por ejemplo los de la recaudación por tributos concertados del primer trimestre. La Hacienda foral ha ingresado 39 millones de euros menos que en el mismo periodo de 2008, lo que supone una caída del 9,5% o 6.500 millones de las extintas pesetas. El desplome de los ingresos por el Impuesto de Sociedades alcanza el 20% y el del IVA, auténtico motor del consumo, el 15%. «Ahora se está dando el pico de la situación más dura», justificó Cimiano.
Foro socioeconómico
En su intento por contribuir a acelerar la salida de la crisis y en consonancia con las «numerosas medidas» adoptadas desde mediados del pasado año -deflactación del IRPF, bajada de impuestos o la devolución de 400 euros impulsada por Zapatero-, la Diputación ha organizado un foro de participación con los agentes socioeconómicos del territorio. Durará dos meses y estará dividido en cinco mesas: una empresarial, otra de servicios, una tercera con entidades financieras, otra con sindicatos y la quinta con instituciones. «El objetivo es trabajar con sentido constructivo para escuchar y ser escuchados», recalcó Agirre.
Mientras Álava no observa signos de esperanza en el horizonte económico inmediato, el presidente de la patronal vasca, Miguel Lazpiur, opina lo contrario. A su juicio, se empiezan a ver algunos «rayos de luz», aunque admitió que «nadie sabe si hemos tocado fondo o todavía vamos a estar más abajo».