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01.05.09 -

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El alavesismo necesita aliento para mantener viva la llama de la permanencia. Cualquier otro mensaje que no sea positivo le quiebra el ánimo. El paso atrás de la Diputación respecto al convenio de acreedores se recibe así como un jarro de agua fría. A la «gran incertidumbre» que percibe la casa de todos los alaveses por el errático tránsito albiazul se suma ahora otra, ¿qué será del plan de viabilidad? Primero se resolverá la clasificación y después habrá que atender a la junta. La salvación allanaría el segundo paso; el descenso, mejor ni reparar en sus dañinas consecuencias.
«Confiaba en Xabier Agirre» -el diputado general de Álava-, «pero ya desconfío de los políticos. Como se dice, todos son iguales. Primero, buenas palabras y luego, nada», es lo que le sugiere a Felipe Sáez de Urturi, peñista, la nueva postura foral. «El Alavés es lo mismo en Segunda que en Segunda B. No se puede condicionar la ayuda a su categoría», aprecia el veterano socio. «El Alavés es de Álava y hay que protegerle y quererle».
José Miguel López de Anúa, de Accionistas Albiazules, ironiza al respecto. «Hay que dejar al enfermo que muera, darle la estocada». Tiene un recuerdo para Gonzalo Antón. «Parte de la deuda que ahora se trata de rebajar la dejó él. No todo es responsabilidad del innombrable», por Piterman. A la Diputación le pregunta «¿por qué dejó que engordaran los impagos del Alavés? Al contribuyente ya le aprieta el cuello si no paga», reflexiona. Y anima a que se emprendan acciones penales «contra las anteriores directivas» por su dejación en las obligaciones fiscales.
Javier Contrasta, de Sentimiento Albiazul, entiende que «la Diputación vele por sus intereses», pero le reprocha que no haya intervenido antes en el Alavés. «Si no hubiera hecho la vista gorda, la deuda sería mejor y la situación del club menos crítica».
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