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La Rioja Alavesa busca nuevos mercados en Japón y Brasil, mientras cunde el miedo a que el precio de la uva se desplome a la mitad
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Las ventas del vino alavés encogen un 20%
Las bodegas multiplican los paquetes y ofertas para tratar de captar a nuevos clientes al mercado de los vinos de crianza. / SERGIO ESPINOSA
Los malos tiempos que corren también lo son para los vinos de la Rioja Alavesa. La bonanza económica que el sector vitivinícola ha vivido en los últimos años se ha frenado en seco. La crisis económica ha provocado que el consumo nacional de los caldos de casa haya caído un 8% en los último doce meses y, sus ventas, un 7,5%. Y, muy a pesar de los bodegueros, los primeros datos que arroja el año en curso apuntan a que la situación se va recrudecer. Tanto es así que entre enero y abril, la comercialización del oro negro alavés se ha reducido nada menos que un 20%.
Después de la campaña navideña, la ralentización de las ventas es habitual. El sector sabe bien que el mercado no se anima hasta después del verano. Pero nadie esperaba un recorte semejante. «Y todo apunta a que la cosa va a ir a peor», advierte el gerente de la Asociación de Bodegas de la Rioja Alavesa (ABRA), Patxi Antón.
El oscuro panorama que se cierne sobre la comarca sureña ha obligado a los vitivinicultores a modificar sus estrategias comerciales y a buscar hueco en otros países para incentivar, como sea, el consumo de sus caldos. En el campo de las exportaciones, la alternativa a un mercado europeo que se encuentra ya colapsado pasa por crear nuevo nichos en zonas aún vírgenes, como Brasil, Japón o los Emiratos Árabes, en donde ABRA está llevando una intensiva labor para tratar de captar a nuevos clientes.
Una de las primeras bodegas en subirse al trampolín y lanzarse de lleno a la piscina nipona ha sido la de Luis Alegre, en Laguardia. Hace unos meses, la empresa presentó allí su propuesta comercial 'Aula itinerante de cocina', en alianza con tres cocineros vascos, en un intento por lograr aumentar sus ventas en el exterior en un 20%. El proyecto consiste en viajar cada año a dos grandes capitales del mundo para dar a conocer 'in situ' sus caldos. Durante el próximo mes de agosto planea trasladarse hasta el Caribe, a Puerto Rico.
Hasta ahora, la crisis había llevado a los bodegueros a tratar de contener la hemorragia desde casa, con medidas de urgencia, como estancar los precios del vino, suprimiendo la habitual subida de las tarifas que llega cada año con el incremento del Índice de Precios de Consumo (IPC). «No nos ha quedado más remedio que dejar los precios de 2009 e, incluso, hacer algún que otro paquete de ofertas. Es tiempo de aguantar y mantenerse», afirman resignados los miembros de la familia González Teso, de Labastida, propietarios de la empresa que lleva su nombre.
Suben los materiales
No son los únicos en aplicar estas iniciativas que, saben, repercutirán en sus cifras de beneficios. Y es que, al contrario que el vino, los materiales que necesitan para poner en venta su producto incrementan su precio cada año. «Tenemos que ser cautos y esperar a ver si se recupera el mercado. El problema es que ahora el esfuerzo tiene que ser doble para conseguir los mismos resultados. Porque nosotros seguimos pagando el cartón o el vidrio. En sólo tres años, las botellas se han encarecido hasta un 45%», destaca Joseba Casado, responsable de la bodega Casado Morales, erradicada en Lapuebla de Labarca.
Este joven enólogo ha visto cómo en los últimos meses el volumen de pedidos de sus clientes ha menguado a consecuencia de la recesión. «Los datos son preocupantes porque entre la gente hay mucho miedo a la crisis y de lo primero que se quitan es de los lujos. Antes te pedían muchas cajas aunque tardasen en beberlas, ahora afinan más sus pedidos y nos compran lo justo. Por ejemplo, si antes mandábamos a Bilbao un palé de vino a la semana, ahora sale de la bodega cada quince días», detalla Casado.
Impagos
A esta bajada de las ventas se une además la desconfianza generada entre los clientes como consecuencia del incremento de la morosidad. «Los impagos siempre han existido, pero ahora hay que tener más cuidado y saber bien si la persona a la que le están vendiendo el vino te va a responder», señalan desde la bodega Varal, en Baños de Ebro.
ABRA trata de dar solución a estos nuevos problemas económicos. Según explica su gerente, en el colectivo se esmera en intentar conseguir un abaratamiento de los productos comunes de todas las bodegas y, también, en conseguir créditos bancarios. «Nos esforzamos en lograr que los socios puedan ahorrar todo lo posible», enfatiza Patxi Antón.
Fuera de la agrupación, los bodegueros parecen haber metabolizado que la clave para mantenerse a flote y superar la mala racha está en ampliar el radio de acción. «Los pequeños bodegueros tenemos que tener claro que moviéndonos en nuestro pueblo no vamos a vender. Debemos abrirnos al mundo», recalca Fernando Remírez de Ganuza, propietario de la bodega de Samaniego que lleva su nombre.
Simeón Martínez, de Viñadores Artesanos, en Elciego, también ha comprendido la lección. Con una producción anual de 200.000 botellas, este año se ha lanzado a la conquista de nuevas provincias españolas. «Vendemos casi todo a clientes fijos que tenemos desde hace años. Algunos, de Madrid, en donde estamos notando una pequeña caída. Por eso, y por si nos empiezan a fallar más, hemos empezado a comercializar también nuestro vino en Galicia y en Palma de Mallorca», explica el agricultor.
Mientras un buen puñado de empresarios pelea por abrirse hueco en mercados nuevos, una honda preocupación ha cundido en la clase política de la comarca. El presidente de la Cuadrilla lo puede decir más alto, pero no más claro: «Vamos a tener una situación peligrosa porque no nos queda nada para la vendimia y el 70% del vino está aún en las bodegas. Lo peor está por llegar. Si el precio se ha mantenido entre los 90 céntimos y el euro por kilo, como el año pasado, el próximo rondará los 55 céntimos», vaticina Daniel Espada, que es también agricultor y dueño de la bodega Espada Ojeda.
El alcalde de Baños de Ebro, Luis Antonio Troncoso, no lo ve mejor. «Se habla ya de cierres y despidos. Se oyen muchas cosas y ninguna buena. Hay mucho miedo».
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