Alicia (45) vive en una casa de diseño en una zona exclusiva y blindada del DF. Su marido es un alto ejecutivo de una empresa de refrescos.
Dante (59) es ingeniero de profesión, procede de una familia humilde y tiene a gala haberse hecho a sí mismo. Celebró su último cumpleaños con mariachis en un mar de tequila. Compró tres palas mecánicas y ahora se dedica a la construcción.
Pascualito (64) es un indio maya, poeta, taxista jubilado y una institución en Cozumel. Tiene ocho hijos reconocidos y un número indeterminado que vaga por los caminos del Señor. Se ha convertido a la Iglesia evangelista y ha dejado las mujeres, la bebidas y el viagra.
Doña Lupe (72) fue mantenida de un importante hacendado en Oaxaca y cuando el deseo se extinguió, decidió abrir un tugurio en DF. Llegada la hora de su jubilación levantó un chiringuito en el Caribe con habitaciones que alquilaba a los taxistas para sus amores concupiscentes. 'Wilma' se llevó hasta un tejón que le acompañaba a todas partes.
Angelito (33) es un veracruzano que canta una mezcla de son cubano y jarocho. Arrebata. Come cuando puede y bebe cuando no debe. Nunca falta a la amistad y jamás ha fallado a un anochecer en el Caribe.
Jorge (59). Arquitecto de Guadalajara. Un día se enamoró de Eliane, una francesa con carácter. Buscaron un paraíso y lo hallaron en Cozumel. Pasaron juntos el 'Wilma', mientras el ojo del huracán los miraba desconcertado. Al salir, decidieron divorciarse.
Todos ellos llevan a México en la piel. Pude hablar ayer con algunos. Todos coincidieron en que la enfermedad tiene su origen en EE UU, de donde «siempre llega lo peor». Y ninguno entendió que la 'madre patria' recomiende a sus hijos que no viajen allí. Creen que es una alarma injustificada y un mal pasajero, que para el día 6 de mayo, cuando los niños acudan de nuevo a la escuela, habrá acabado.
El inframundo
«¡Ah, si hubiera sido un huracán o un buen temblor de tierra, una buena sacudida y no se hable más. Se cuentan los muertos y los vivos y asunto concluido». Allí los huracanes pasan rápido y la selva suele ocultar sus huellas.
Un 30% de la población mexicana no existe para las encuestas. O sólo la pobreza extrema. Algunos ni siquiera hablan español y otros viven con sus espíritus en la espesura de la selva o duermen hacinados bajo tejados de uralita: tosen al mismo tiempo, defecan y pasan hambre al mismo tiempo.
Una investigación de 'The Times' relaciona el origen con un brote en lagunas de mierda en México. El primer caso es el de un niño de 4 años. Emerge en un pueblo que lleva tiempo quejándose de las moscas y los malos olores. Vivía en 'La Gloria', un pueblo de Veracruz. Un eufemismo instalado cerca de una granja de cerdos. 'Granjas Caroll' pertenece a la firma 'Smithfield Foods', una compañía con sede en Virginia. 'The Times' afirma que en ya en febrero se produjo un brote de enfermedades respiratorias.
La enfermedad es cosa de cuidado, pero el verdadero desastre lo traerá la ruina económica, que pondrá hambruna sobre hambruna. Ya nadie acude a las taquerías que utilizan carnitas y daban de comer a miles de trabajadores. Los aviones llegan vacíos y países como China han prohibido la importación de cualquier producto porcino que tenga su origen en México.
La economía depende en gran medida de EE UU y la crisis financiera dejó al país grogui. No sólo a consecuencia del colapso de muchos negocios, sino del fracaso de la industria turística, esencialmente alimentada por los yanquis. Las mismas autoridades estadounidenses que abominaron de la UE cuando recomendó a sus ciudadanos no viajar a México, invitaron a los suyos a no hacerlo por seguridad y un temor difuso al narcotráfico. Hace ya mucho que sólo los europeos llegan al Caribe mexicano.
La OMS elevó la fase cuatro a nivel de alerta. Cuando el ministro de la Salud informaba acerca de los últimos avances de la enfermedad, un terremoto sacudía la capital. El hombre acreditó que se trataba de un edificio que estaban tirando en las inmediaciones. Es el pueblo que reconozco. Que no se amilana frente a las catástrofes.
Los veo morir y renacer como si tal cosa. Temo que ahora se enfrentan a un enemigo que desconocen y tiene otros efectos secretos. A los destinos turísticos que le hacen competencia les conviene hurgar en la herida, y ese daño puede ser imperecedero.
«Cuando no había ninguna razón para que la enfermedad no durase más, el derrumbamiento de su valor y voluntad era tan brusco que llegaba a parecerles que ya no podrían salir nunca de ese abismo». ('La peste').
El remedio está en el 'Tamiflu', con el que se combatió la peste aviar, aquella pandemia invisible. Francia y Reino Unido han hecho acopio de millones de unidades de este medicamento por si las moscas. Las compañías aéreas caen, el turismo decae y las farmacéuticas se frotan las manos. Los británicos han iniciado la estampida con las primeras recomendaciones.
Todo es muy confuso. Tarrou sólo es capaz de sacar una única conclusión en sus apuntes sobre el caos: «En tiempos de peste, prohibido escupir a los gatos». Tal vez, la única posible.