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Boris Izaguirre ilustra el abuso de poder a través de dos niños explotados en su novela 'Y de repente fue ayer'
29.04.09 -

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«La corrupción sale gratis»
Boris Izaguirre, novelista y 'showman'. / IGNACIO PÉREZ
A Efraín Rotundo su padrastro alcohólico le maltrata y desprecia porque duda de su virilidad. Un huracán le deja solo, sin familia, en un hospital y al lado de otro niño, Óvalo, que como él sufre los abusos de quienes se aprovechan de su desamparo.
Para Boris Izaguirre, que cuenta esta historia en su última novela, 'Y de repente fue ayer', esos abusos son una metáfora de la corrupción que campa a sus anchas, y que «sale gratis». «Me interesaba demostrar esa impunidad a través de su visión más espantosa, la de la gente que es capaz de arrebatar algo tan inocente como la propia inocencia».
Boris Izaguirre (Caracas, 1965), el 'showman' televisivo, ubica esta su quinta novela en la Cuba del dictador Fulgencio Batista, poco antes de la revolución castrista. Efraín escribe telenovelas y Óvalo se hace revolucionario. Los dos son grandes amigos, y el autor saca sus conclusiones de ambas trayectorias. «La primera telenovela, 'El derecho de nacer', se hizo en Cuba y permaneció en antena tanto con la dictadura como con Castro, lo que demuestra que fue muy superior a todas las ideologías». Las ilusiones de los culebrones fueron superiores a las ilusiones revolucionarias, que acabaron en «desengaño».
El género de la telenovela, en el que Boris trabajaba en Venezuela, es el que a su juicio mejor representa a los latinoamericanos. «Por nuestro origen español somos muy dados al arrebato. Pero la geografía y la naturaleza latinoamericana nos hace más desatados y desaforados que vosotros los europeos».
Hay un huracán en la novela, pero sobre todo reina el aire caribeño y la luz que añoraba el autor cuando llegó de Caracas a Galicia hace 17 años, contratado por la televisión autonómica. Para explicar el apego a la claridad del Caribe, Boris cuenta cómo es su relación con su marido, Rubén. «Como él es gallego tiene siempre la casa a oscuras, cuando yo abriría todas las ventanas. Y si lo hago, Rubén me dice: 'No, que se pierde el suelo, que se van los colores'. Y yo le contesto: 'Pero qué me estás diciendo, yo he vivido devorado por la luz'. Cuando está él, la casa parece una penumbra japonesa. Y cuando estoy yo, entra de lleno el sol. Pero, bueno, llevamos muchos años juntos».
Boris ha tenido «mucha suerte» al hacer una carrera como 'showman' en la televisión en un país que no es el suyo. «No tengo que dar explicaciones de mi pasado a nadie. Yo no tengo ayer, solamente tengo hoy, y eso me hace sentirme más libre»
La disciplina de la fama
Mientras camina por Bilbao, la ciudad en la que estuvo ayer presentando su novela, la gente le saluda, le detiene para hacerse una foto junto a él con el móvil o le acerca un cuaderno para le estampe un autógrafo. Boris no alardea de la fama, pero tampoco le molesta.
«Hace mucho tiempo me pregunté por qué nos fascina tanto la celebridad y para contestarme me lancé a experimentarla. Luego se convirtió en una disciplina, que ahora me mantiene bien», explica.
En su opinión, la gente se muere por ser famosa porque le atrae, además de la misma popularidad, la riqueza que puede haber detrás de ella. «Todos hemos pasado por esa fase de querer ser nuevos ricos, y en gran medida la crisis procede de ese deseo».
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