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La crisis ha empujado a una treintena de residentes en España a ofrecer sus órganos a través de Internet para pagar deudas o evitar deshaucios
26.04.09 -

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La Fiscalía de Sevilla acaba de presentar una denuncia en el juzgado decano de la capital andaluza después de que un hombre colgase un anuncio en una página web en el que se ofrecía para vender uno de sus riñones por 100.000 euros. El individuo, que se presentaba a sí mismo como un vecino de la capital andaluza de 40 años, 1,62 metros de altura, 65 kilos de peso y no fumador, facilitaba su grupo sanguíneo y una dirección de correo electrónico para que las personas interesadas le escribiesen. Lo que no especificaba es en qué condiciones se realizaría el trasplante, ni dónde.
No es el primero que lo hace ni será el último. Hace un par de años un matrimonio leonés publicaba otro anuncio en un periódico local donde también ofrecían un riñón a cambio de una casa, debido a la precaria situación que atravesaban como consecuencia de una frustrada reforma que provocó el derrumbe de su vivienda. «Sin riñón se puede vivir mejor que sin casa», argumentaba la pareja. Más recientemente, una tinerfeña ha decidido subastar igualmente su riñón en Internet por un precio de partida de 120.000 euros al encontrarse en una situación económica desesperada. La mujer busca dinero para emigrar a otro país con su familia. La simple publicación de un anuncio no constituye delito alguno y los traficantes se amparan en el vacío legal que existe en este campo para ofrecer órganos al mejor postor.
La organización de consumidores Facua denunciaba hace unos días la presencia de una treintena de anuncios de venta de órganos para trasplantes en trece páginas web españolas. En algunos casos, se llega a justificar la venta de riñones, pulmones y médula para poder pagar la hipoteca. La mayoría de las personas que se anuncian en la red reconocen estar atravesando graves problemas económicos.
La agrupación mantiene que la publicación de anuncios relacionados con la venta de órganos «puede resultar un fenómeno creciente en una época de crisis económica, fruto de la desesperación de ciudadanos que han perdido su empleo o su negocio y están asediados por las deudas o corren el riesgo de sufrir el embargo de la vivienda». Las cantidades que se piden oscilan entre los 15.000 y el millón de euros.
Redes mafiosas
Aunque el tráfico de órganos desde los países pobres hacia los ricos es una realidad, el director de la Organización Nacional de Trasplantes asegura que los anuncios denunciados por la agrupación de consumidores son «casos aislados» fuera de las redes del denominado turismo de trasplantes. Para Rafael Matesanz, «la mayoría son de individuos que sólo quieren llamar la atención. Piden sumas de dinero muy por encima del precio del mercado negro -donde se puede comprar un riñón por 5.000 euros- y no ofrecen un centro donde someterse a la operación». La donación de órganos entre personas vivas es un «acto altruista que no admite la compraventa».
Una de cada diez intervenciones que se practican en el mundo es ilegal. «El turismo de trasplantes está dirigido por redes mafiosas que ofertan el paquete completo -viaje, donante y hospital- y suele practicarse en países sin leyes claras al respecto como Pakistán, Filipinas o Perú», explica Matesanz. En el caso de España, anuncios como los denunciados por Facua «sólo causan ruido mediático». La realidad es «otra». Los responsables de los diferentes centros de coordinación de trasplantes aseguran sin miedo a equivocarse que «en la red sanitaria española ni se han realizado, ni se realizan, ni se realizarán intervenciones ilegales».
Aunque están convencidos de que esa publicidad «es inútil», temen que pueda producirse un «efecto llamada» y que «mucha gente que no había pensado en la posibilidad de vender un órgano llegue a planteárselo ahora como una vía para enfrentar la crisis», lamentó Matesanz. En cualquier caso, profesionales como el coordinador de trasplantes del País Vasco insisten en que «no hay ningún motivo económico que justifique la venta de un riñón. Es una barbaridad desde todos los puntos de vista», precisa Joseba Aranzabal.
La compra de órganos suele darse en países con tasas bajas de donación como puede ser Alemania, Israel o Estados Unidos. De hecho, es habitual que pacientes estadounidenses viajen a Colombia para ser intervenidos. Normalmente, el trasplante se hace con un nativo. Pero ¿quién puede prohibir a un paciente acudir al mercado negro? «El sentido común», coinciden los profesionales médicos. «La falta de garantías sanitarias y la imposibilidad de realizar un seguimiento de la intervención deberían hacer reflexionar al comprador. El éxito de un trasplante no depende únicamente de la operación. Casi tan importante como la intervención es la selección del donante», subraya Aranzabal.
El precio de la vida
Se ha llegado a dar el caso de una red de tráfico de órganos multinacional que funcionaba a tres bandas. Los donantes eran brasileños, los receptores de Israel y la operación se realizaba en Sudáfrica. Según un informe elaborado por la Organización Mundial de la Salud sobre «el precio de la vida», se puede hablar de tráfico de órganos «cuando una tercera parte contrata, transporta, transfiere o guarda un órgano usando fuerza, fraude o coerción para aprovecharse de la vulnerabilidad de una persona y extirparle un órgano y hacer negocio».
El estudio también revela el precio medio que se paga por un riñón -el órgano más comercializado a partir de donantes vivos-, en el mercado negro. Los receptores abonan 500 euros en Sudáfrica; de 745 a 890 en India; de 1.260 a 2.000 euros en Egipto; 6.000 euros en Perú; y más de 22.000 euros en Estados Unidos. La Organización Mundial de la Salud reconoce que hay agencias dedicadas al turismo del trasplante. «Es un negocio que no tiene nada que ver con la salud ni con la práctica médica, sino con el lucro puro y simple».
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