El futuro de Juan José Ibarretxe se ha convertido en uno de los secretos mejor guardados del período postelectoral en Euskadi, una vez que los nombres de los consejeros de Patxi López van cayendo gota a gota. El lehendakari en funciones no tiene intención de soltar prenda sobre sus intenciones hasta la investidura del candidato socialista la primera semana de mayo: de hecho, en la cena informal a la que invitó a los once consejeros de su Gabinete y sus parejas el pasado jueves prefirió eludir los discursos políticos o los anuncios en tono solemne. El convite en Ajuria Enea, según distintas fuentes cercanas a los comensales, resultó un encuentro distendido entre compañeros: tanto que los invitados acabaron la velada soltando la tensión del traspaso de poderes con unas partidas de futbolín.
El lúdico colofón de la cita da idea del ambiente que reinó la noche del jueves en la residencia oficial del lehendakari: nada de discursos políticos, nada de protocolo y nada de anuncios. Aunque en el tripartito se da por sentado que Ibarretxe abandonará la primera línea y hará de su discurso en el debate de investidura del 5 de mayo su testamento político, también tienden a creer que si el todavía jefe del Ejecutivo vasco está demorando el momento del adiós no es sólo por una cuestión de imagen -se presentará ante el Parlamento como candidato y con un programa de Gobierno- sino porque no ha descartado del todo que el PNV pudiera pedirle que permaneciese al frente del grupo parlamentario.
Presencia «suficiente»
Esta última opción parece muy poco probable: el partido siempre ha dicho que respetará su decisión, sea la que sea, y ha alabado su labor en la campaña del 1-M, pero es consciente, al mismo tiempo, de que su permanencia no sólo condicionaría la labor de oposición de la formación jeltzale sino también la identidad del próximo candidato a lehendakari, que por lógica debería ser de nuevo el político de Llodio. Así las cosas, el partido sigue alimentando la tesis de la retirada, aunque el EBB no analizará el asunto oficialmente con el protagonista hasta su reunión del lunes 4 de mayo, la víspera de que el Parlamento designe a López como lehendakari.
Así lo confirmaron fuentes cercanas a la dirección peneuvista, que insistieron en que los planes de Ibarretxe, conocidos sólo por un reducido número de personas, permanecerán en secreto hasta entonces. Por cierto que en esa misma reunión la dirección jeltzale tendrá qué decidir a quién envía en representación del partido a la toma de posesión del nuevo lehendakari a la Casa de Juntas de Gernika. Por el momento, en el PNV se asegura que acudirá una delegación «ajustada» y «suficiente» y se lamenta que ni PSE ni la Presidencia popular del Parlamento se hayan dirigido a ellos para preparar el traspaso formal de poderes. Todo ello da idea de que el PNV podría optar por participar con perfil bajo en la promesa del cargo que protagonizará López para continuar escenificando su malestar.
A la espera de esa cita con el EBB, y fiel a su proverbial discreción, Ibarretxe no confirmó el jueves a sus consejeros que vaya a abandonar la política ni les habló de sus planes de futuro: únicamente se emplazaron a seguir viéndose en el futuro y a mantener los lazos de amistad y la colaboración cada uno en sus nuevos quehaceres. Su carácter poco dado a alharacas también quedó patente en la frugal cena que degustaron los comensales: ensalada, pescado y helado. Y de regalo a los consejeros como recuerdo de su paso por el Gabinete, una reproducción en miniatuura del Palacio de Ajuria Enea.