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GIRONA 0-1 ALAVÉS

Defiende hasta la extenuación el gol de Cuevas en un final de partido heroico de diez contra nueve y se engancha a la pelea
26.04.09 -

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El Alavés resurgió ayer a la heroica en un partido que supone la primera piedra del edificio de resistencia albiazul. El que debe construirse con urgencia y sin margen de error en ocho jornadas más de Liga. En un indescriptible sufrimiento defensivo final sólo purificado por la victoria, el cuadro albiazul hizo valer el instinto de conservación para cortar la racha de siete duelos sin ganar y agarrarse a la carretera de la salvación.
Y es que en un encuentro pleno de accidentes por la conducción temeraria del nefasto Pino Zamorano y la presencia de demasiados novatos en el asfalto -Raúl Llorente y Albacar por los albiazules e Igor por el Girona-, el Alavés convirtió el aislado gol de Cuevas en una recta de la que no se apartó pese a los reiterados golpes. Consiguió esta vez aislarse de la fatalidad y ni las expulsiones lograron quebrar su obstinada resistencia, apoyada en un excelente Bernardo. En un diez contra nueve cargado de emotividad e hipertensión se gestó el triunfo en el inexpugnable Montilivi.
Sean cuatro o cinco los puntos de desventaja al final de esta jornada, la trascendencia del triunfo es evidente: el equipo de Javi López sigue ahí. Es un mensaje para ese grupo de rivales que parecía ya tomar el sol ante la complaciente mirada alavesista y ahora al menos deberá retirar la toalla al percibir nubes en el horizonte. El Girona cedió en su estadio después de muchos meses y a las matemáticas se une ahora un puñado de fe vitoriana. Volver a creer después de muchas semanas de querer creer y no encontrar motivos en el territorio de la razón.
Allá por el minuto 88 el fútbol había dejado paso ya a otra cosa. César era el lateral zurdo de una zaga acantonada en el área ante la crecida local. A una rigurosa segunda tarjeta a Llorente había seguido la inexplicable expulsión de Albacar por protestar a ¡Pino Zamorano! y la posterior roja al brasileño Igor para equilibrar las fuerzas. El escenario parecía emular uno de esos campos de batalla donde se ha desarrollado un cuerpo a cuerpo durante demasiadas horas. Muchos enemigos y pocas balas le quedaban al Alavés. Pero Bernardo mantenía el acierto y rechazaba las escasas pero claras oportunidades que se filtraban por una defensa esta vez sí encolada por la solidaridad y la concentración.
Efectividad de Cuevas
A ese interminable tramo definitivo se había llegado con la ventaja albiazul por la vía de la efectividad. En esta ocasión el cuadro vitoriano no regaló nada y, a cambio, picó en su primera y prácticamente única oportunidad clara. El aguijón de Cuevas, que cruzó al palo contrario y casi sin mirar una pelota muy complicada entre dos rivales, se clavó en un Girona que fue de más a menos. Una salida airosa y un fútbol académico por las bandas en el arranque dejaron paso a otra cosa. El Alavés, atrincherado primero y después más cómodo en el campo aunque con escaso filo, asumió el control del duelo en los últimos minutos de la primera parte.
Javi López había optado por Casar, Llorente y Pablo de Lucas en sustitución de Almirón, Moreno y el lesionado Emilio Sánchez. El Alavés se aplicó al fútbol directo para buscar a Juanjo y las segundas jugadas y, sobre todo, trató de convertir su propia parcela en un campo de minas. Ante la incapacidad del Girona para abrir la lata alavesista, Raúl Agné movió ficha en el descanso. Con la entrada del brasileño Igor, que primero dio aire al equipo catalán por su corpulencia en el área y después lo asfixió. Con un partido de 11 contra 9 y un cuarto de hora por delante realizó una entrada muy fuerte. Pino Zamorano hizo el resto y el conjunto vitoriano dispuso al menos de su oportunidad.
La que aprovechó al máximo a base de derrochar sudor. Ni Alavés ni Girona están para dispendios y más allá de la emotividad el fútbol resultó muy escaso. La presidencia fue para los nervios y de tesoreros ejercieron las imprecisiones y las pérdidas de tiempo, en ocasiones manifiestas por parte albiazul.
Agonía y Bernardo
Y los diez últimos minutos se convirtieron en la primera gran agonía de la campaña. Con la certidumbre de que un tanto local cercenaba la esperanza de una remontada y segaba el cuello albiazul, la resistencia resultó indómita. Con apariciones de Casar o Kalderon para sacar balones de gol en el área. Con excelentes paradas de Bernardo durante todo el partido para dar una esperanza de salvación que el equipo supo ganarse.
No le sobra nada a este Alavés, que sigue en una situación complicadísima y con los recursos justos. Pero ahora tiene en su mano la opción de avivar el fuego de la permanencia en Segunda División semana a semana.
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