El cine español es una auténtica paradoja, un mar de contradicciones y un pandemonio de intereses y resultados contrapuestos. Véase, por ejemplo, la curiosa comparación entre el fracaso del cine patrio en las pantallas españolas, y el éxito por la presencia de Almodóvar y Coixet en la sección oficial del Festival de Cannes.
Igualmente paradójico es, por supuesto, que si por un lado la gente del cine alega siempre razones culturales o cuestiones identitarias para mantener intacto el proteccionismo de las subvenciones, por otro se olvidan de lo inmaterial o espiritual cuando piden medidas de desgravación fiscal para generar estructura industrial en el sector. Medidas que a no todos convencen, por cierto, ya que mientras los productores no están dispuestos a que el Gobierno permita a las televisiones computar las series de televisión como parte de la inversión obligatoria en producciones cinematográficas españolas o europeas, a los actores o a los técnicos no les importa nada, sino todo lo contrario, que se les contrate para series que pueden durar tres, cuatro o cinco temporadas. Y ya puestos a hablar de la relación cine-televisión, lo mejor es terminar con el anuncio de una nueva batalla en este pandemonio que es el audiovisual español, ya que el Gobierno se propone financiar TVE con un impuesto a pagar por 'telecos' y televisiones privadas, para lo cual podría flexibilizar a estas últimas su obligación de invertir en cine, lo cual a su vez sería para los productores como el 'botón de la guerra nuclear'. Un carajal paradójico y caótico. Eso es el cine español, insisto.
FOTOGRAFÍA
De Donostia a Madrid
Madrid se queda con lo que San Sebastián no quiso. Y el caso es que no son buenos tiempos para dejar pasar las buenas ideas. Sobre todo, cuando una ciudad como San Sebastián aspira a convertirse en Capital Europea de la Cultura. Lo digo por el hecho de que este año se celebra en la capital de España la primera edición de MadridFoto, una feria que aspira a convertirse en el primer referente del mercado fotográfico nacional. Un sueño logrado previa y temporalmente por San Sebastián, capital que albergó durante varios años la feria DFOTO, auspiciada por la Fundación Ordoñez Falcón y patrocinada por el Ayuntamiento donostiarra. La cosa tuvo un indudable éxito, certificado por la asistencia de numerosas galerías, el respaldo del público y unas ventas más o menos significativas. Hubo tres ediciones y hasta una buena complementariedad con el resto de la oferta cultural. Sin embargo, hace dos años se anunció la no continuidad del certamen, tal vez debida al desanimo de sus gestores y al escaso respaldo de las instituciones vascas. Una falta de visión, en definitiva, ya que San Sebastián aspiraba a convertirse en ciudad de la imagen, con su festival de cine, con las actividades de la nueva Tabacalera y con una feria, DFOTO, que cerraba el círculo de la especialización cultural. Pues bien, la ocasión ha sido aprovechada por Madrid, cuya oferta ferial en materia artística se completa perfectamente con un certamen dedicado a la fotografía. Será del 7 al 10 de mayo, en los pabellones de IFEMA. Una pena, ya digo, para San Sebastián.
ÓPERA
Crisis y soluciones
El debate sobre la aparente crisis de la ópera no tiene fin. La última reflexión la ha aportado el presidente de la ABAO, Juan Carlos Matellanes, en una conferencia pronunciada esta semana en el Foro de la Nueva Economía. A pesar de que la ABAO mantiene un balance saneado o de que sus fondos propios han crecido regularmente en los últimos años, Matellanes reconoció el efecto que van a tener muy pronto las restricciones y la escasez de recursos tanto públicos como privados. Según el presidente de la ABAO, la ópera se enfrenta a un reto complicado. De hecho, si las subvenciones y el patrocinio descienden, los ingresos de las entradas no se incrementan, se mantiene el nivel de ocupación y los precios siguen siendo elevados, entonces es de suponer que tendrán que revisarse los cachés de los artistas y directores, los derechos y los costes de las orquestas o los alquileres de los teatros, todo lo cual conducirá a un significativo recorte en la producciones. En ese contexto, Matellanes consideró necesario un replanteamiento tanto en los criterios de concesión de subvenciones, como en la justificación del uso de las mismas. De hecho, no tiene demasiado sentido realizar una buena gestión de las subvenciones, por ejemplo elevando la autofinanciación con la obtención de patrocinios privados, si luego hay que devolver el excedente, castigando la buena gestión o equiparándola a la mala. En cuanto a las soluciones, el responsable de la ABAO habló de la formación, la educación, la eliminación de barreras de acceso como son los precios elevados o la escasez de entradas; y la gestión teatral eficiente.