El IV Mapa Sociolingüístico, basado fundamentalmente en datos procedentes del padrón de 2006, establece el retrato más completo de la capacitación lingüística de los ciudadanos del País Vasco y ha confirmado todas las tendencias que apuntaban estudios anteriores: aunque son mayoría en Euskadi los castellanohablantes monolingües, el número de personas bilingües ha experimentado un gran crecimiento en los últimos 25 años, en los que el euskera ha ganado 325.000 hablantes.
También ha aumentado de modo significativo el número de pasivos; aquellos que, aunque no tengan el mismo grado de capacitación en ambas lenguas, entienden el euskera pero no lo hablan bien. De ese modo, y con considerables diferencias entre los tres territorios históricos, más de un tercio de los vascos mayores de cinco años (37,5% frente al 22% de 1981) son bilingües y, si se les suman los pasivos, algo más de la mitad de la población de Euskadi puede entender el euskera y utilizarlo en cierto grado.
Cambio de perfil. «El euskera tiene el mayor número de hablantes de toda su historia», destacó la consejera de Cultura en funciones, Miren Azkarate, en la presentación del Mapa Sociolingüístico al referirse a las más de 755.000 personas que, entre los dos millones de habitantes de Euskadi, se pueden desenvolver en euskera y en castellano. Aunque, a diferencia de la encuesta sociolingüística que se difundió el pasado año, el reciente estudio no contempla los datos de Navarra y el País Vasco francés, Azkarate no olvidó a los 84.000 vascohablantes de esos territorios, que elevan a 840.000 número de personas que controlan el euskera en la actualidad. El incremento registrado -que equivale prácticamente a duplicar el número de bilingües en un período de tiempo en el que la población total ha disminuido ligeramente pese a haber recibido a más de 100.000 inmigrantes-, lleva aparejado un notable cambio en el perfil del colectivo de personas que conocen las dos lenguas oficiales. La comunidad bilingüe no sólo ha rejuvenecido considerablemente, sino que tiene un mayor nivel de alfabetización en euskera, es mucho más urbana, tiene cada vez más peso demográfico en lugares en los que el euskera tenía poca presencia y, con frecuencia creciente, su primera lengua era el castellano y ha adquirido el euskera fuera del hogar, preferentemente en la escuela.
Más jóvenes. Si en 1981 el 31% de los vascohablantes superaba los 65 años, la tendencia se ha invertido y las figuras que recogen la evolución de los bilingües por edades reflejan lo que Miren Azkarate llamó «oleada de rejuvenecimiento del euskera»: la mitad de los vascos menores de 30 años son bilingües en la actualidad, y el porcentaje se duplica entre quienes todavía no han cumplido los 20, rondando el 75% entre los menores de 15. Aunque los porcentajes varíen, las tendencias son similares en los tres territorios y, evidentemente, recogen la aportación de jóvenes bilingües que ha realizado en las últimas décadas el sistema educativo. Como contrapartida, el porcentaje de ciudadanos que sólo conocen el castellano -los casos de vascohablantes que no lo saben son tan escasos que ni tan siquiera tienen reflejo estadístico-, se mantiene en cifras similares a las de 1981 (por encima del 60%) entre los mayores de 60 años, pero se han reducido drásticamente (del 60% a rondar el 10%) entre los menores de 30.
Más urbanos. Estadísticamente, el euskera no sólo ha dejado de ser una lengua más vinculada a las personas de cierta edad que a los jóvenes. También ha dado el salto de poblaciones pequeñas y medianas enclavadas en zonas tradicionalmente vascófonas a las ciudades, de modo que la distribución de los bilingües guarda una relación cada vez más equilibrada con la distribución geográfica de los habitantes de Euskadi. Así, en la actualidad la mitad de la población bilingüe vive en los grandes núcleos urbanos en los que reside el 65% de la población. Como destacó el viceconsejero de Política Lingüística, Patxi Baztarrika, «el avance en el bilingüismo es un fenómeno sobre todo urbano», lo que conlleva que, a diferencia de lo que ocurría hace 25 años, la mayoría de los bilingües viva en zonas con una densidad de vascohablantes baja (entre el 10% y el 50% de la población). Un dato significativo que debe matizarse en función de la diversidad que impera entre los territorios históricos e, incluso, de las muy distintas realidades sociolingüísticas que se advierten en cada uno de ellos: en 1981, el 15% de los bilingües residía en zonas donde el porcentaje de vascohablantes superaba el 80%. Hoy, en esas áreas en las que predomina abrumadoramente el euskera sólo reside el 9% de los bilingües.
Segunda lengua. Teniendo en cuenta que tres de cada cuatro habitantes de la CAV -incluyendo bilingües y monolingües-, tienen el castellano como primera lengua o lengua materna, es comprensible que el castellano sea el idioma que han aprendido en casa los denominados neovascohablantes. En el conjunto de la población bilingüe aún predominan quienes tienen el euskera como primera lengua, aunque ya llega al 44% el porcentaje de quienes han llegado al euskera desde el castellano. Y alcanza el 59% entre los menores de 35 años, triplicando el porcentaje de 1986.
El uso en casa. En un período de grandes cambios, hay una variable llamativamente estable: el uso del euskera en el ámbito familiar. Aunque el uso del euskera en el ámbito general ha crecido, no lo ha hecho en el seno de las familias, ya que lo utiliza el 21,4% de la población, porcentaje similar al que lo empleaba hace 15 años, cuando se comenzó a tomar en consideración este indicador. Un dato muestra, tal como dijo Baztarrika, «lo efectiva que es la lengua afectiva»: el 89% de los bilingües cuya primera lengua es el castellano lo mantiene como lengua familiar.