«Todo se ha complicado un poquito, todos sabemos por qué». La frase corresponde al presidente del PSE, Jesús Eguiguren, y revela las dificultades que Patxi López está encontrando para configurar el nuevo Gobierno vasco. La amenaza de ETA ha provocado que varios independientes hayan rechazado la propuesta de los socialistas para incorporarse al equipo de Ajuria Enea. El temor a la violencia terrorista se ha visto, además, incrementado tras el último comunicado de la banda, en plena Semana Santa, en el que la cúpula etarra designó al Ejecutivo entrante «objetivo prioritario» de sus atentados.
Las complicaciones de las que habla Eguiguren han llevado al líder de los socialistas a variar sus planes en las últimas semanas. López venía anunciando desde la precampaña su intención de 'reclutar' como consejeros a un buen número de profesionales de «cualificada valía» y significada trayectoria que no tuvieran una notable vinculación con el partido. Sondeó incluso a personas relacionadas con el PNV y el PP, en un intento de conformar un Gabinete que representara la «centralidad» y subrayara la imagen de «cambio» que se quiere imprimir.
El secretario general del PSE no podrá ver cumplido este deseo por completo. No será posible materializar «la voluntad de que el Ejecutivo tenga una componente considerable de independientes». Aunque fuentes socialistas aseguran que ya tiene atado a, al menos, un profesional ajeno a sus siglas, el primer presidente no nacionalista del Gobierno autónomo ha tenido que reducir sus aspiraciones y echar mano, en un porcentaje mayor del que deseaba, de las bases de su partido para cerrar la configuración de los departamentos. En un esquema similar al que ha empleado José Luis Rodríguez Zapatero, Patxi López deberá tirar del PSE para sortear las dificultades.
El todavía candidato a la Lehendakaritza y el secretario de Organización del PSE, Rodolfo Ares, tratan en las últimas jornadas de completar las piezas del puzzle. Tienen no más de quince días, los que restan para que el futuro Gabinete celebre su primera reunión el sábado 9 de mayo. El 'esqueleto' «está básicamente hecho» y tendría, como publicó ayer este periódico, al propio Ares como consejero de Interior; Iñaki Arriola, en Transportes; Isabel Celaá, en Educación; la alavesa Pilar Unzalu en Medio Ambiente; Gemma Zabaleta al frente del 'macrodepartamento' formado por Empleo y Políticas Sociales; e Idoia Mendia como portavoz del Gobierno, aún pendiente de si recibirá alguna otra cartera.
El antecedente de Carrasco
Todos ellos han ocupado cargos destacados del partido en los últimos años y su paso a Lakua no alterará de forma significativa su forma de vida, más allá de la responsabilidad que recaerá sobre sí. Unos y otros cuentan desde hace tiempo con escolta y tienen que mantener unas medidas básicas de seguridad personal ante el riesgo de sufrir un atentado.
La violencia terrorista se está convirtiendo en uno de los factores que más altera el normal discurrir de los acontecimientos. Fuentes del PSE reconocen abiertamente cómo varios de los candidatos sondeados desde hace semanas han renunciado al ser conscientes de que aceptar el cargo suponía acarrear con «ciertos inconvenientes».
Frente al prestigio que supone acceder a una consejería, en el otro plato de la balanza queda, además de unos emolumentos inferiores en algunos casos a los que se puede obtener en la empresa privada, la obligación de asumir la compañía diaria de un servicio de escolta. Una protección que los implicados deberán llevar incluso después de que finalicen su tarea en el Gobierno. El asesinato de Isaías Carrasco en marzo de 2008 puso de manifiesto cómo ETA situaba en su diana no sólo a dirigentes socialistas en activo, sino también a quienes ya habían dejado a un lado la actividad pública, como era el caso de este ex concejal socialista de Mondragón, padre de tres hijos.
Precisamente, el condicionante familiar ha echado para atrás a muchos de los aspirantes a formar parte del Gabinete de Patxi López. El director general de Naturgas, Enrique Palomino, aludió esta misma semana a «razones familiares» para rechazar a última hora la cartera de Industria, después de que en el PSE se diera por segura desde hacía días su incorporación al Ejecutivo vasco. «Lo que ha ocurrido tampoco ha sido una sorpresa», resumió Eguiguren en la radio pública vasca, como una alusión genérica a las negativas que han recibido de distintos aspirantes.
Las dificultades para incorporar a profesionales ajenos al partido han provocado, según diversas fuentes, que incluso la estructura definitiva del Gobierno no esté del todo clara. Hasta el punto de que podría variar en función del encaje de bolillos que tanto López como Ares vienen realizando en los últimos días. Ellos dos están llevando el peso de las conversaciones.
Los problemas para cerrar el círculo de consejeros y cargos directivos no escapa tampoco al principal apoyo del PSE para este arranque de la legislatura. El presidente del PP, Antonio Basagoiti, aseguró ayer que le constan «las dificultades» que están encontrando los socialistas para formar su Ejecutivo. El dirigente popular aludió a los recelos que suscita el saber que quienes acepten el cargo estarán «en la diana de ETA» y sabrán lo que es «sufrir que la familia tenga miedo». Y quiso añadir otro condicionante. En su opinión, aquellos que den el paso adelante sufrirán el «aislamiento de un PNV que está rabioso porque no sigue en el poder». Dos factores, recalcó, que «hacen que se compliquen» las cosas.