La segunda jornada de huelga en los comedores escolares de la red pública vasca volvió a poner a prueba la capacidad de reacción de las familias de los casi 57.000 chavales que ayer tampoco pudieron almorzar en el 'cole'. Al igual que el martes, los padres tuvieron que ingeniárselas para buscar una alternativa al jantoki y, sobre todo aquellos que trabajan, recurrir a canguros de urgencia o al socorrido bocata. El último de los dos paros convocados por ELA, LAB, CC OO y UGT, fue secundado por un 95% de los cerca de 3.600 empleados llamados a la huelga, un porcentaje algo mayor que en la anterior protesta.
Según el Gobierno vasco, la movilización de los monitores subcontratados, que reclaman la equiparación laboral con los trabajadores propios de la Administración, afectó a 56.854 escolares, unos 200 más que en la anterior convocatoria. Por territorios, la protesta fue secundada en mayor proporción en Vizcaya y Guipúzcoa, con un 71% de los comedores cerrados, frente a Álava, donde el porcentaje se redujo al 28%.
Los sindicatos calificaron esta respuesta como un «éxito total» y una prueba del malestar de los trabajadores ante la actitud de las empresas y del Departamento de Educación, «incapaces de negociar de forma seria y responsable». Fuentes de LAB, central mayoritaria, advirtieron de que si persiste esta «cerrazón» convocarán «más huelgas». Sus reivindicaciones, insistieron, no se limitan a la homologación salarial -piden una subida del 5%-, sino que buscan «una dignificación del sector».
«Una faena»
«Todo el mundo tiene derecho al pataleo, pero esto es una faena», resumía Berenguela Vázquez, una madre que ayer acudió al colegio Larrañazubi de Getxo con un 'tupper' de macarrones con tomate e improvisó un picnic en los jardines que rodean al centro. Al menos, el buen tiempo estuvo de su parte. Pudo escaparse del trabajo, pero en el paro anterior les preparó «unos bocadillos y quedaron al cuidado de otras madres». María, otra progenitora en apuros del colegio Cervantes de Bilbao, resolvió la papeleta gracias a que su hija se quedó a comer en casa «de su mejor amiguita». En este centro sólo funcionó el comedor de los niños de 2 años. «El resto nos apañamos como podemos».
El conflicto afecta a los comedores gestionados por Educación a través de subcontratas, lo que ocurre en el 80% de los centros. Ha estallado ahora, pero venía gestándose desde tiempo atrás: ya en 2004, la Asociación de Empresarios de Hostelería denunció la «extraordinaria presión» que soportaban estas empresas para no quedar excluidas del negocio. «Los privilegios laborales de los empleados del Gobierno vasco, que se mantienen con dinero público, son imposibles de otorgar por las empresas privadas, lo que va a generar conflictos graves».