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El primer ministro británico inicia su carrera hacia la reelección con un golpe de efecto que pone en aprietos a los 'tories'
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Brown acentúa su perfil popular con más impuestos a los ricos
Gordon Brown.
Los dirigentes laboristas británicos hicieron ayer cola ante los medios de comunicación para asegurar a la nación que el espíritu del nuevo laborismo, la transformación del nombre y del programa del partido emprendida hace una década por el ex primer ministro Tony Blair, no ha sido enterrado por Gordon Brown.
La razón de ese afán de tranquilizar al país es que el presupuesto presentado el miércoles por el ministro de Hacienda, Alistair Darling, incluía un aumento de los impuestos a las rentas de los más ricos, de tal manera que quienes ganan más de 170.000 euros anuales tendrán que abonar al fisco el 50% de su renta por encima de ese umbral y seguirán pagando el 40% si lo percibido está por debajo de esa cantidad.
La reacción en los medios ha sido de gran alarma, quizá porque la mayor parte de los comentaristas de la prensa británica tendrá que pagar ahora más impuestos, pero los titulares eran significativos. Los tributos a los ricos eran descritos como populistas y poco eficaces para que Hacienda recaude más dinero, pero, según el diario más vendido del país, 'The Sun', eran un réquiem: «Descanse en paz el nuevo laborismo».
«No es en absoluto el final del nuevo laborismo», dijo Peter Mandelson, el ministro de Negocios, que fue posiblemente quien ideó la marca. Es el ministro a quien a menudo se recuerda su discurso en una conferencia de ejecutivos de la informática en California, en 1998: «Estamos intensamente relajados acerca de la gente que consigue ser asquerosamente rica».
Ese esfuerzo por llevarse bien con los muy adinerados era parte del esfuerzo de adaptación del laborismo a las realidades electorales británicas, porque, tras la gran reforma liberal de Margaret Thatcher, los laboristas no podían seguir apareciendo como el partido que, cuando dejó el Gobierno, en 1979, recaudaba el 83% de la renta a los más ricos. «No somos un partido de altos impuestos», dijo ayer Mandelson. «No subimos impuestos porque sí».
Oportunidades de futuro
Ésta última frase fue también utilizada por el primer ministro, Gordon Brown: «No subimos impuestos simplemente por subir impuestos. Los subimos con un propósito», dijo en un discurso en el que también negó que sea el fin del nuevo laborismo. «Si vamos a dar a la gente oportunidades que necesitan para el futuro, tiene que haber una contribución por parte de quienes tienen más y de quienes han ganado más en los últimos años», dijo Brown.
Y su ministro Darling sugirió que la subida es temporal. Los impuestos a los ricos han tenido que incrementarse «mientras resolvemos esta situación». Lo que Darling denomina 'esta situación' es un cuadro fiscal escalofriante. El contribuyente británico afronta al menos una década de austeridad en los servicios públicos y más impuestos, para pagar la deuda contraída por la Hacienda pública como consecuencia del desplome de los ingresos fiscales a los beneficios de la City financiera y de los gastos añadidos por esta crisis.
Esa situación deja a Brown en una mala posición cuando le queda un año para convocar elecciones. Pero ayer fue al menos positivo. El país hablaba sobre algo menor en el contexto de la crisis -el impuesto a los ricos- y la oposición conservadora ya tenía dificultades. «No puedo prometer que lo derogaré», dijo George Osborne, el muy pudiente portavoz 'tory' de Hacienda.
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