La BBK que deja Xabier de Irala ha consolidado su arrasador liderazgo en Vizcaya, donde conserva una cuota de mercado cercana al 50% pese al fuerte crecimiento de la competencia en los últimos años; y afronta con una solidez envidiada por el sector la crisis económica más virulenta en el último siglo, que amenaza la viabilidad de algunas entidades. El todavía presidente de la Bilbao Bizkaia Kutxa accedió al cargo el 1 de septiembre de 2003 en sustitución de José Ignacio Berroeta, que en sus 13 años de mandato había logrado, primero, poner orden en el 'gallinero' que supuso la fusión entre la Caja de Ahorros Vizcaína y la Municipal de Bilbao; y, después, modernizar la estructura de la institución para llevarla hasta el cuarto puesto del ranking nacional por activos. En 2003 había descendido hasta la novena posición debido a la sucesión de fusiones en los últimos ejercicios.
Hoy, pese a su crecimiento constante en casi todas sus magnitudes, la BBK ocupa la décima plaza por la continuación de ese proceso, una asignatura pendiente para las entidades vascas. Irala sí deja a la caja en lo más alto de un podium especialmente deseado en estos tiempos de inquietud entre los ahorradores: es la más solvente de todo el sistema financiero español, bancos incluidos, con un coeficiente del 21,5%, cuando la media es del 11,3%.
Llegó a la Bilbao Bizkaia Kutxa en un escenario de desplome de las inversiones bursátiles y estrechamiento de los márgenes comerciales como consecuencia de la caída de los tipos de interés en aquella época. Ello provocó que la BBK registrara en 2003 el primer descenso de beneficios de su historia: 211,5 millones de euros, casi un 20% menos que en el ejercicio anterior. No sería el último. En 2005, y ya con él como presidente, los resultados se redujeron casi un 16%.
Irala heredó una BBK que manejaba un activo de 15.354 millones de euros, con una cuota de mercado de depósitos del 49,5% en Vizcaya y que mantenía algún tipo de relación con tres de cada cuatro habitantes del territorio. Además, disponía de 330 oficinas y 2.596 empleados. Su patrimonio neto era de 1.837 millones de euros y dedicaba a su Obra Social un presupuesto de 82,23 millones.
Aunque trabajó intensamente para guiar el proceso de fusión de las cajas vascas -su principal, aunque nunca declarada gran misión- lo hizo sin descuidar el crecimiento de la entidad vizcaína. Para ello, elaboró y lideró dos planes directores, el 2004-2007 y el actual 2008-2010.
Cinco años después, al cierre del pasado ejercicio 2008, la BBK había conseguido prácticamente doblar las cifras de activos, depósitos de clientes, inversión crediticia y patrimonio neto. El ritmo de crecimiento de su volumen de negocio rondaba el 20% y, sobre todo, había conseguido invertir una tendencia casi histórica: con la llegada de Irala, los gastos de explotación pasaron a estar muy por debajo del margen de clientes. Prueba de la enorme importancia que este gestor ha dado siempre al control de los costes es que, a pesar de que en estos años la BBK ha abierto 100 nuevas oficinas, su plantilla sólo ha aumentado en 156 personas.