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El desierto de Bahrein es la última ocasión para los 'pequeños' antes de que las potencias, Ferrari y McLaren, apliquen sus mejoras en Europa

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La planta de las oportunidades
Los mecánicos de Renault preparaban ayer el conche de Fenando Alonso. / EFE
Bahrein congrega a los concursantes en la planta de oportunidades. Es la ocasión de todos en el Mundial más expansivo. Ahora que el dominio de los grandes se ha evaporado y ha surgido una nueva clase media gobernante, el desierto de la península arábiga plantea una incógnita: ¿A quién le toca? En Australia y Malasia fue la cenicienta Brawn y su difusor mágico. En China, los supersónicos Red Bull con alas para la lluvia. ¿Qué toca en Bahrein en este Mundial de locos?
Bahrein, cuarta carrera, representa tal vez el último instante de enajenación de este campeonato que ha arrancado paranoico y con los pequeños sujetando las riendas del caballo. En los últimos años, el Mundial despliega una coherencia impuesta por las distancias. Empieza en Australia y barre países de vuelta a Europa. También en esta ocasión. Australia, Malasia, China, Bahrein y la próxima cita, en Barcelona. Esto implica una lógica estructural: los equipos apenas pueden ejecutar evoluciones en sus monoplazas por las enormes distancias.
Cuando las carreras regresan a Europa, todo es más fácil. Desde las fábricas de Inglaterra o Italia se puede transportar cualquier pieza en dos horas a cualquier circuito del calendario. Bahrein es el último puente con el lejano más allá.
Lo mejor de esta temporada es la revolución de las ideas. Más que nunca, no mandan los pilotos en la pista, sino el ingenio de los pensadores en las fábricas. Brawn compuso su coche en función del doble difusor con una línea aerodinámica muy trabajada, pero Red Bull -que ya ofreció síntomas en Australia y Malasia de haber dado un salto- ganó en China sin el difusor mágico. El bólido Red Bull (RB5) tiene otra concepción: líneas muy finas, un morro pequeño y unas aperturas inferiores que dejan fluir el aire por la parte posterior.
Bahrein puede ser el momento de Toyota. El equipo multimillonario, máximo inversor en la Fórmula 1, denostado casi siempre por su derroche - «si por despilfarro fuese, Toyota ganaría el título todos los años», dijo Briatore-, se prepara estos días para celebrar su primera victoria en la Fórmula 1. «Ya nos dimos cuenta en los ensayos de pretemporada de que teníamos un coche competitivo», comenta Jarno Trulli, el italiano que ha dejado de ser invisible en las carreras. Toyota fue la única escudería, junto a Ferrari, que probó sus monoplazas con difusor en Bahrein durante enero y febrero. «Estamos muy satisfechos con lo que hemos hecho hasta ahora», cuenta Timo Glock.
Puede ser el momento de otro miembro del club del difusor, Williams, histórico venido a menos que cuenta con uno de los pilotos más mediáticos de la parrilla. Esto dice Nico Rosberg: «La pista y el asfalto de Sakhir se adaptan perfectamente a nuestro coche». El alemán realizó la vuelta rápida aquí en Bahrein el día de su debut, en 2006.
Y puede ser, por qué no, el momento de Alonso, cuyo salto de calidad se vio en China con el nuevo fondo plano, difusor provisional o como quiera llamarse. Lo que son oportunidades para unos son penalidades para otros. No se ha disputado la cuarta carrera y se acaba el tiempo para Ferrari, que podría sellar el peor arranque de su historia (cuatro carreras sin puntuar) si no entra en los puntos en Bahrein.
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