
Xabier de Irala. /Archivo
«Nunca te fíes de un periodista ni de un banquero», asegura que le repetía insistentemente su padre. Pese a ello, siempre ha mantenido una buena relación con los medios de comunicación. Xabier Irala, Txabi para los amigos o simplemente conocidos, dejó Iberia para aterrizar en la presidencia de la Bilbao Bizkaia Kutxa (BBK).
Nació en Nueva York en 1947, ciudad en la que se había exiliado su padre, Antton Irala, secretario del primer lehendakari del Gobierno vasco, José Antonio Aguirre. El exilio paterno dio un toque nómada a su vida. Siendo aún un niño, su familia se trasladó al sur de Francia, donde Irala cursó el bachillerato. Una nueva 'mudanza' le llevó hasta Filipinas. Allí cursó la carrera de Ingeniería. Pero nunca rompe los lazos con el pasado. A Francia le unen todavía dos cosas fundamentales en su vida: Martine, su mujer -tienen tres hijos y dos nietos- y su 'refugio', una casa en la localidad de Ainhoa a la que suele retirarse siempre que puede.
Un traductor en Bilbao
Bilbao y la empresa General Eléctrica fueron uno de sus primeros destinos profesionales. Entró en ella como traductor y, algunos años más tarde, sería el encargado de pilotar el levantamiento de la suspensión de pagos forzada por la matriz norteamericana, desde su puesto de administrador único. Hasta su llegada a Iberia en 1996, tras el acceso del PP al poder, su vida laboral giró en torno a los bienes de equipo eléctrico. Primero en la multinacional General Electric y más tarde en ABB. En esta última empresa, que se ha convertido en una improvisada cuna de presidentes de Iberia -su sustituto en la aerolínea, Fernando Conte, es el máximo responsable de la firma en España-, Irala puso en marcha su particular 'plan ponds', que más tarde aplicaría en la compañía aérea: mantener los negocios rentables, poner 'en línea' los que pueden llegar a serlo y cerrar el resto. Esto último, por ejemplo, es lo que hizo con la filial venezolana Viasa.
Los directivos de la BBK pueden estar relativamente tranquilos. A pesar del tiempo que ha pasado en el sector aéreo, no es partidario del 'paracaidismo'. Acostumbrado a gestionar empresas en crisis, ha desarrollado una especial habilidad para formar sus equipos sin grandes fichajes. Salvo contadas excepciones, se apaña con lo que encuentra en cada sitio. Ha demostrado en reiteradas ocasiones que es capaz de sacarles chispas a los ejecutivos más mediocres. Pero no deben dormirse. Ni siquiera en el sentido literal del término. Una de sus aficiones es convocar reuniones a las siete y media de la mañana, a sabiendas de que, gracias a su biorritmo, es el momento del día en que se encuentra pletórico. Irala es de los que hace sudar a su equipo, de los que disfruta trabajando en tensión y, cuando no existe, la provoca. «Hay que dar pedales, aunque sea en el aire», suele decir a sus colaboradores.
Le gusta mantener la imagen del 'hombre bueno' de la empresa, pero es un auténtico tigre. No en vano, reconoce que uno de sus personajes más admirados es el mítico ex presidente de General Electric Jack Welch, el duro entre los duros. A pesar de la aureola que le acompaña, es extremadamente difícil trazar el perfil político de Xabier Irala. Sus lazos familiares y sentimentales con el nacionalismo vasco son innegables, pero la relación con el PNV es más aparente que real. No oculta su devoción por lo vasco, pero dentro de un esquema racional. «He aprendido a ser global y local al mismo tiempo», responde siempre que alguien le intenta presionar para que se defina.
Una vela a Dios...
Es por ello que ha conseguido mantener una magnífica relación con el vicepresidente del Gobierno Rodrigo Rato y también con los máximos responsables del Ejecutivo vasco; ser distinguido con el título de «vasco universal» y también con la 'Legión de Honor' francesa, la orden que el general De Gaulle calificó como «la élite de los seres vivos»; ha mantenido una relación distante con Xabier Arzalluz y, al mismo tiempo, ha conseguido que el partido que preside le coloque al frente de la caja de ahorros más importante del País Vasco. Haber trabajado para el PP y el PNV es algo que muy pocos pueden colgar de su currículum. Es un auténtico 'corcho': siempre se mantiene a flote.
Esa especie de 'mundo dual' en el que se mueve Irala no sólo hace referencia a lo político; también a la gestión. Por eso, sus colaboradores no dudan en asegurar que «con Txabi se sufre mucho, pero también se divierte uno trabajando». Y es que Irala, un conversador vocacional, siempre ha concedido una gran importancia a la relación humana, a las personas que se esconden detrás de los cargos que cada uno ocupa en la empresa.
Después de pasar muchos años en las alturas de la gestión, ha aprendido a discernir lo verdaderamente importante de lo anecdótico. Por eso, se negó dar importancia al desplante que le hizo su antecesor en Iberia en su primera conversación. Ya había sido designado como presidente y quedaron una mañana de sábado, en la sede de la compañía. Irala tuvo que esperar tres cuartos de hora a ser recibido por el cesado Juan Sáez. Aguardó en la antesala de lo que, formalmente, ya era su despacho.