Arrecia la tormenta en el sector financiero español. Las cajas reclamaron ayer al Gobierno la aprobación del fondo de capitalización -un instrumento de rescate- para evitar que se extienda la sospecha sobre las entidades, e incluso demandaron la preparación de un 'plan de contingencia' ante «riesgos catastróficos, que los hay», aunque la posibilidad de que éstos se materialicen es «bajísima». La publicación de una 'lista negra' de siete cajas en apuros -ninguna vasca-, de inmediato desautorizada por el Banco de España, acentuó la urgencia de esta demanda. Sin la acción decidida del Ejecutivo -alertó el sector- se extenderá la desconfianza, que puede hundir a las instituciones por más que resulte injustificada. Los bancos tienen una idea distinta de las fórmulas de rescate -la Asociación Española de Banca, la AEB, sigue apostando por los Fondos de Garantía, de dotación sectorial-, pero también creen que hay que actuar.
En el encuentro financiero organizado por ABC y Deloitte, el presidente de la Confederación Española de Cajas de Ahorros, Juan Ramón Quintás, lanzó dos mensajes. Ni las cajas son los únicos sujetos de potencial riesgo ni el sector está contento con la actuación del Banco de España en el caso de Caja Castilla- La Mancha, y no se cruzará de brazos si se utiliza esta vía para emprender una liquidación más o menos ordenada de otras entidades.
Quintás advirtió de que habría que exigir responsabilidades al instituto emisor si, finalmente, el coste de recursos públicos que conlleva la intervención de CCM supera con creces los 1.200 millones de la valoración inicial que hizo. La fusión con Unicaja fracasó porque la caja andaluza reclamaba 3.000 millones, que el Fondo de Garantía de las Cajas no afrontó. Si al final la intervención sale más cara es porque el Banco de España «valoró mal».
¿Dispone la CECA de su propio ranking de cajas en apuros? Sin identificarlas, Quintás diseñó un esquema para delimitar el terreno de la intervención pública, basado en los niveles de solvencia. A máxima solvencia, ninguna ayuda. Pero si el Gobierno quiere que una caja con nivel próximo al límite siga prestando dinero, deberá facilitarle las cosas. A las entidades en dificultades quedarían reservadas actuaciones como los avales a la emisión de títulos preferentes y se procedería al rescate -mediante fusiones- de las no viables.
La gran reconversión
Quintás sugirió que nadie, ni tampoco los bancos, está a salvo. «Me gustaría que alguien, aunque no lo diga, esté haciendo un plan de contingencia ante riesgos catastróficos, que los hay», planteó. Tras reconocer que son «de bajísima probabilidad», puso ejemplos de esa situación extrema: «¿Puede darse una década perdida en España?», «¿puede estallar Latinoamérica como ocurrió en otros momentos?». Situaciones así afectarían no sólo a cajas sino a la gran banca, con fuerte presencia al otro lado del Atlántico.
«Las cajas han pedido muchas cosas distintas en muchos momentos diferentes», fue la poco diplomática respuesta que dio el presidente de la AEB, Miguel Martín. «Yo descarto catástrofes en el sistema financiero español», zanjó. Tras reconocer que la necesidad de una reestructuración ya es imperiosa si se quiere hacer frente a la «desconfianza e incertidumbre», defendió un modelo basado en los Fondos de Garantía de Depósitos, ahora dotados exclusivamente con la contribución de los distintos sectores.
Por su parte, el consejero delegado del BBVA, José Ignacio Goirigolzarri, dijo que las entidades tienen que prepararse para la gran reconversión que traerá la crisis financiera.