Pepe no volverá a jugar esta temporada -faltan seis jornadas de Liga- y quedará marcado para siempre por sus agresiones a los getafenses Casquero y Albín. Igual que Juanito por el pisotón a Matthaus que supuso el principio del fin de la carrera del malagueño, Stoichkov por agredir a Urizar Azpitarte, Simeone por clavar los tacos en el muslo de Julen Guerrero, Eric Cantona por asestar una patada a un espectador, y hasta el legendario Zinedine Zidane por ese cabezazo a Materazzi en la final del Mundial de Alemania. Es la ley del fútbol en su versión más violenta.
Jornada sin precedentes la que se espera para mañana en la Federación. Nunca hasta ahora el Comité de Competición ha tenido que juzgar a un futbolista por tantos 'delitos' en un mismo partido. El acta de Delgado Ferreiro se hizo esperar pero resultó concluyente. A saber, expulsó al portugués «por empujar por detrás a un contrario evitando una ocasión manifiesta de gol». Un partido fijo de suspensión. «Una vez en el suelo y con el juego detenido, propinó una patada al jugador objeto del penalti, y un puñetazo a un adversario». Dos agresiones para las que los estatutos federativos, si no hay lesión, como es el caso, contempla entre cuatro y doce encuentros de inhabilitación.
Asimismo, el acta del árbitro refleja que cuando Pepe abandonó el campo se dirigió al cuarto árbitro al grito de «sois todos unos hijos de puta». Si se considera sólo un menosprecio o una falta al decoro deportivo, algo habitual en la doctrina de este Comité, un partido más. Si se considera un insulto grave, de nuevo estaríamos en al menos cuatro encuentros en el ostracismo. Para más inri, tras el último gol de Higuaín, Pepe «apareció en el terreno de juego y se fue corriendo hacia un córner para abrazar a sus compañeros». Otro posible partido. En total, saldrían al menos diez choques de suspensión.
Juande, comprensivo
En el Real Madrid asumirían con agrado una condena sólo hasta fin de curso. En la defensa de Pepe sólo cabe el arrepentimiento espontáneo, la falta de antecedentes y el hecho de que, según los servicios jurídicos del club blanco, cabría interpretar que la patada no llegó a impactar en Casquero. En esa línea se expresó el técnico Juande Ramos, benevolente con su pupilo. «Pepe fue víctima de la tensión. Las tiró (las patadas) al aire, no a Casquero. Si le quiere dar, le da...Vamos, sin duda. Perdió los nervios, sí, pero se volvió loco consigo mismo...».
Iker Casillas bebe en otros códigos, los que le han inculcado desde pequeño en la fábrica blanca. «No se puede hacer lo que ha hecho Pepe vistiendo la camiseta del Real Madrid», confesaba, sin ambages, el guardameta internacional tras el delirante partido. Casquero también mamó este club desde niño. «Sí claro, acepto las disculpas, pero nada va a cambiar su acto de cara a los que deben juzgarlo. También pide perdón el que mata. Es un gran futbolista, no le deseo ningún mal, pero a mí me enseñaron otros valores», argumentó ayer el centrocampista.
Pepe ya sufrió algún 'cortocircuito' mental con Schuster -a Fernando Llorente le hizo un penalti en el Bernabéu que quedó impune esta misma temporada-, pero no como el del martes ante el Getafe. «No sé qué me pasó. Tuve una actitud inexplicable. Merezco un castigo. Pido perdón a todos», decía, casi con lágrimas en los ojos, tras la ducha reparadora.