La huelga de los monitores que atienden los comedores en escuelas e institutos de la red pública vasca alteró ayer el sincronizado mecanismo que las familias ponen en marcha para conciliar la vida laboral con el cuidado de la prole. Más de 56.000 escolares -y con ellos sus padres, abuelos, parientes próximos...- se vieron afectados por el paro que, según los sindicatos convocantes, fue secundado por entre el 90% y el 95% de los trabajadores, un porcentaje que el Gobierno autónomo rebajó al 80%. Los 3.600 empleados de las empresas subcontratadas reclaman su equiparación laboral con el personal propio del Ejecutivo.
María Pilar Rivas es una de las muchas amamas que ayer tuvieron que acudir al rescate de sus nietos. Los tres pequeños estudian en el colegio vitoriano de Ángel Ganivet, donde cada día se quedan a comer 285 alumnos de Infantil y Primaria. Es uno de los cincuenta centros de la red pública alavesa que ayer vieron suspendido su servicio de comedor por la protesta, que se repetirá mañana.
«He venido en autobús desde Bilbao. A las doce y media les recojo, comemos en su casa, les traigo de nuevo a las tres de la tarde y me vuelvo a Bilbao. Y el jueves lo mismo», detallaba con buen humor. Su presencia, a juzgar por los abrazos de su nieta Marta, era más que bienvenida. «Mi hija trabaja en los juzgados y mi yerno tampoco podía venir. Yo estoy jubilada y tengo buena salud, así que no me importa echar una mano. Sólo espero que esto no se alargue demasiado».
La mayoría de las escuelas e institutos optaron por enviar a los alumnos a comer a sus casas, mientras los padres hacían malabarismos para improvisar canguros por unas horas. Rosario Sánchez y Pedro Arenal también esperaban en el patio de Ángel Ganivel a su nieta Luna. «Esta semana podemos ocuparnos de ella, pero la próxima nos vamos fuera, y como esto siga así, a ver cómo se las apañan sus padres», se preocupaban.
Peor lo tuvo Halima Owali, que se vio obligada a dejar a sus hijos, de 5 y 9 años, solos en casa durante la comida. «Tenía que declarar como testigo en un juicio y no podía dejarlos con nadie, estaba muy preocupada. Pero se han portado estupendamente», reconocía con alivio. «No le veo sentido a esta huelga, al final pagamos el pato los alumnos y los padres». Una visión diferente a la de Naiara y Aitor Ruiz, alumnos de Primaria, que no ocultaban su alegría al subir al coche. «En casa se come mucho mejor».
La otra cara de la moneda la protagonizó la ikastola Arambizkarra, donde ambas jornadas se desarrollarán con normalidad. «Los monitores votaron y decidieron por mayoría ir a trabajar, así que el comedor funciona como siempre», confirmó su directora. La ikastola Toki Eder, por su parte, facilitó las cosas a los padres, al habilitar un servicio especial de autobús para una veintena de alumnos a los que no podía venir nadie a recoger.
La salida de las dos de la tarde en el colegio Larrañazubi de Getxo bullía ayer de inusual actividad. El centro finaliza a esa hora su jornada intensiva pero, tras la hora y media de comedor, numerosos alumnos se quedan a realizar actividades extraescolares hasta las cuatro y media. La mayoría hicieron 'pira' a los talleres vespertinos, pero una decena de chavales optó por almorzar en el jardín del cole. «Nos enteramos ayer -por el lunes- oficialmente de que había huelga de comedor, y no nos ha dado tiempo ha organizarnos, así que les hemos traído aquí la comida. Yo tengo dos hijos y en hora y media no puedes llevarles a casa, darles de comer y volverles a traer. Y suerte que ahora estoy sin trabajo y he podido venir», explicó Isabel Prado, tesorera de la asociación de padres del centro.
Como otros muchos aitas, Alex Luengo tuvo que quitarle horas a su jornada laboral como electricista para recoger a sus dos hijos, de 8 y 9 años. «Soy autónomo; si no, sería más complicado», admitió. Lo mismo le ocurrió a Nelly Soralia, forzada a «escabullirse» de su trabajo como asistenta de limpieza a domicilio para recoger a su hijo antes de tiempo. Mañana hará lo mismo, lo que le obligará a «recuperar las horas otro día», comentó molesta.
«No sé qué voy a hacer»
«La huelga te rompe los esquemas», se quejó Rafael Lucano. «He tenido que llamar a un conocido para que me sustituya en el comercio donde trabajo». Otra joven ama de casa no tenía estos problemas de organización familiar, aunque se mostraba «fastidiada» porque «los críos comen mejor en el comedor. Además, ya he pagado el servicio y no me van a devolver el dinero».
Lo peor de todo es que la huelga se repetirá mañana y muchos padres aún no saben a quién recurrirán. Dayames González, una joven madre soltera, no podrá cambiar el turno en el bar donde trabaja como camarera. «Hoy es mi día libre, pero mañana no sé como lo voy a hacer».
Los sindicatos convocantes, ELA, LAB, CC OO y UGT, realizaron diversas movilizaciones en los tres territorios. Una de sus principales demandas es la equiparación salarial del personal subcontratado con los trabajadores dependientes del Departamento de Educación, con los que mantienen una diferencia del 5%. «Pero lo que más nos preocupa es el reconocimiento y la dignificación del sector, ya que estas personas no sólo dan de comer a los niños, sino que colaboran en su educación», apuntó la representante de ELA, Noemí Etxebarria.